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Mónica Baró gana Premio Gabo 2019 en Texto

Isbel Díaz Torres

GUARDABOSQUES – La periodista cubana Mónica Baró acaba de ganar hoy jueves en Colombia el premio Gabo 2019 en la categoría de texto con “La sangre nunca fue amarilla”, una profunda investigación sobre la exposición al plomo que sufren pobladores de una comunidad en San Miguel del Padrón, en la capital cubana.

Como finalistas en esa categoría quedaron «Volver para incendiar a Colombia», de la revista Gatopardo de México, sobre el escritor Fernando Vallejo, y «O general do capitão», de la revista brasileña Piauí, sobre Hamilton Mourao, vicepresidente de ese país.

“La sangre nunca fue amarilla” es un claro ejemplo del tipo de periodismo que difícilmente se atreven a desarrollar los órganos oficiales de prensa en Cuba, con muchos más recursos; y que escasos medios independiente de prensa en la isla se han lanzado a abordar, con un rigor y seriedad admirables.

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Una de las entrevistadas muestra una de las piedras comunes en la zona (Foto: Ismario Rodríguez)

A pesar de tratarse de un reportaje que narra la historia de un grave caso de envenenamiento de toda una población por casi 40 años, la autora afirma que no ha tenido el tipo de recepción que hubiera deseado por parte del gobierno cubano, esto es: que trabajaran en resolver los acuciantes problemas de las familias vulnerables, y acabaran con la exposición al plomo.

Este fue el producto de un equipo de trabajo de Periodismo de Barrio durante cerca de dos años (la investigación en sí se desarrolló entre agosto de 2016 y mayo de 2018). eEl artículo en cuestión fue publicado en febrero de 2019, sin que hasta la fecha se hayan modificado las condiciones de vida de los pobladores.

Para quienes se arriesgan a estos empeños, la circunstancia cubana es el mayor reto, dada la carencia de garantías para la libertad de prensa y de opinión en la isla. Los Derechos de Acceso en la nación caribeña no parecen ser prioridad para un gobierno que no solo no ha firmado, sino que ni siquiera se ha pronunciado sobre el Acuerdo de Escazú (instrumento regional vinculante para garantizar el acceso a la información, la participación y la justicia en temáticas medioambientales).

“Acá en Cuba, quienes hacen periodismo independiente del Estado no tienen la posibilidad de acreditarse como periodistas”, acota la joven periodista graduada en el 2012, en una entrevista ofrecida a los organizadores del Festival Gabo, mientras asegura que “las fuentes de información pública a las que a mí me hubiera gustado acceder, no me abrieron las puertas”.

El ambiente para el periodismo independiente en la isla ahora mismo está bien caldeado por la represión física, jurídica y psicológica que soportan las personas que se vinculan a medios no gubernamentales.

Periodistas independientes cubanos firmaron recientemente el llamado “Garantías para ejercer los derechos a las libertades de prensa y expresión en Cuba” que ha logrado concertar la firma de 1260 personas, mientras denuncia «detenciones arbitrarias y encarcelamientos, allanamientos y registros de viviendas particulares, confiscación y ocupación de equipos, interrogatorios, prohibiciones de salir del país», como ejemplos del tipo de represalias sufridas.

En esa circunstancia es que Mónica Baró y su equipo han logrado esta pieza que, junto a otras de una joven generación de profesionales de la información, van sacando a la luz una Cuba tristemente naturalizada por la gente; pero que despierta el asombro, la ira, o la empatía, entre quienes llegan a leerlas.

Este reconocimiento en el Festival de la Fundación Gabo, institución creada por el periodista y nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez, es más que merecido. Ojalá estimule a más trabajos similares y hasta mejores, para el bien de cubanos y cubanas.

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