Somos el mayor depredador de la naturaleza y de nosotros mismos

hombre crucificado en el basurero - Tomás Sánchez

Regina Cano Orúe

Para muchas personas que escuchan hablar del cuidado del medio ambiente, este “cuidar” solo compete a aquellos preocupados en velar por las “plantas” y los “animalitos”.

Sin embargo, el medio ambiente incluye también al ser humano, testigo y mayor actuante en la naturaleza, quien irrumpe en los ecosistemas en detrimento o beneficio de estos.

Las zonas urbanas creadas en el planeta nos han permitido alargar nuestras vidas; pero mientras esos asentamientos se vuelven más grandes, queda menos espacio para lo natural y más para los desechos y destrozos que causamos en la Tierra.

Isla - Tomás Sánchez

Isla – Tomás Sánchez

Nos hemos mal habituado a dejar los restos de nuestro actuar esparcidos por todas partes. La Habana se ha ido llenando de desperdicios, como consecuencia del incorrecto proceder de sus habitantes.

Fijados a nuestros zapatos traemos a nuestras casas residuos tóxicos microscópicos. Lo mismo hacen nuestros perros y gatos en sus patas y hocicos. Hasta esa mosca que se posa en el plato, que parece solo un insecto más, puede estar regresándonos la basura de la esquina, ya convertida en riesgo mortal.

Las emanaciones y hedores de la basura que se descompone en el río cercano al barrio traen como efecto la disminución del oxígeno disponible para respirar y de la cantidad de agua útil.

Nuestra piel sufre severos daños al ser expuesta más tiempo a los rayos solares, por tener cada vez menos refugio sombreado en la ciudad. Hemos ido derribando los árboles sin pensar que, matando estos pulmones externos, se reduce la capacidad de filtrado del aire viciado y su potencial transformación en aceptable para nuestros sistemas corporales.

Mientras construimos nuestras viviendas, vertemos muy cerca los desechos y escombros, por lo que el polvo y el asbesto termina en nuestros pulmones, tanto como en las alcantarillas, obstruyendo a ambos.

Antagonismo - Tomás Sánchez

Antagonismo – Tomás Sánchez

El maltrato consuetudinario a los animales nos va transformando en peores personas, creando un ambiente no percibido de violencia, que rebasa los límites del buen comportamiento entre nosotros mismos.

Así, nos mantenemos acortando nuestras vidas y la de nuestra descendencia, por estar rodeados de basura, cocinados por el sol, bebiendo agua tratada con químicos industriales y maltratándonos constantemente los unos a los otros.

A esas afectaciones se agrega la ingestión de alimentos menos naturales o tratados con exceso de químicos, que nuestros cuerpos casi ya no pueden procesar. Nos justificamos con la necesidad de alimentar a más personas, de consumir productos no locales y fuera de temporada, que vienen a veces del otro lado del mundo; pero ello no elimina el efecto perjudicial.

En ocasiones las consecuencias las descubrimos años después, en forma de tumoraciones, que son también basura, pero dentro de nosotros.

El ser humano, en comparación con otros animales, posee muchas debilidades físicas, por aquello de que nuestra piel no es tan gruesa y dura, que no tenemos escamas, ni agallas, ni garras; y ya no estamos preparados para ciertas bacterias o para vivir a la intemperie.

Nuestra salud es cada vez más vulnerable por ser tan descuidados y criminales con el entorno del cual somos parte integrante, y que corre peligro de desaparecer.

Con la puerta abierta - Tomás Sánchez

Con la puerta abierta – Tomás Sánchez

Deje su comentario

A %d blogueros les gusta esto: