Inversiones en ronera contaminante cubana no reducen su impacto ambiental


Jimmy Roque Martínez

Las inversiones que se llevan a cabo en la Ronera de Santa Cruz, al este de La Habana, no abarcarían su inoperante sistema de tratamiento de residuales, que se mantiene contaminando las aguas de la costa norte de Cuba.

En entrevista realizada este martes por la TV nacional, Noelvis Castellanos, funcionario de la principal productora de ron de Cuba, describió lo que llaman un “proceso de recuperación integral, constructivo y tecnológico”.

Castellanos se refirió a la recuperación del aspecto constructivo de las naves de añejamiento, la recuperación de la red contra incendios, los viales, el perfeccionamiento del área de mejoramiento de productos a granel y la adquisición de suavizadores para el tratamiento de agua.

El funcionario se refirió a la intención de la institución de seguir mejorando la imagen del manejo integral de la fábrica y aumentar la producción de ron Havana Club.

Agregó Castellanos que, se incorpora la modernización de una nueva línea de embotellado que estará a tono con los estándares que necesitan sus producciones y sus clientes.

Vale aclarar que estos suavizadores de agua se refieren al tratamiento del agua para la producción del ron, lo que garantiza la calidad de este, no al tratamiento de los residuales líquidos con los que impunemente contaminan al medio.

La ronera desecha al mar por la Caleta de Chipriona más de 1000 metros cúbicos de residuales contaminantes cada año. Sin embargo, la periodista no cuestionó al funcionario sobre el impacto ambiental de la fábrica ni sobre posibles inversiones para revertir esta situación.

Durante el reportaje no se mencionó el impacto ambiental de esta actividad productiva, lo que puso de relieve la prioridad de aumentar la producción. Mayores ganancias es lo que le exige su empresa, y es de mayor producción de lo que le interesa escribir a la prensa oficial.

Recientemente el sitio de Periodismo de Barrio publicó un minucioso trabajo investigativo de Julio Batista Rodríguez, revelando detalles sobre esta fábrica, la cual quedaba fuera de la obligación del cumplimiento de las Normas de Regulación Ambiental cubanas por ser un “pasivo ambiental”.

Mientras la prensa oficial sigue al margen de los desastres ambientales que provoca el Estado cubano, otros colectivos independientes y medios periodísticos permanecemos atentos a los pasos desarrollistas y desesperados del empresariado de la isla.

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