Bienvenidos a la máquina (fragmento)

Por Derrick Jensen y George Draffan

La mayoría de las empresas de la lista de Fortune de las 500 empresas con más capital tienen en sus filas delincuentes condenados. El coste anual de los delitos “callejeros” se estima en 2.000 millones de dólares. El coste anual de los delitos corporativos se acerca a los 200.000 millones.

El crimen corporativo, sea como sea que se defina y se mida, es una pequeña fracción de los subsidios que apuntalan lo que se llama “capitalismo de libre mercado”. Todo el sistema económico está actualmente basado en subsidios, o sea, externalización de costes. Es más, no es demasiado decir que el propósito principal del gobierno es supervisar y administrar este proceso, y neutralizar o matar a cualquiera que se oponga demasiado fuertemente.

Toda la economía se colapsaría inmediatamente sin subsidios regulares masivos tomados de los impuestos de la población y después ofrecidos a varios sectores económicos como “incentivos”. Estos subsidios provenientes de impuestos van desde la financiación de industrias (bancos, líneas aéreas, fabricantes de coches), a exenciones de impuestos (la mayoría de grandes empresas pagan pocos o ningún impuesto sobre sus beneficios), a todo el complejo militar-industrial.

Los subsidios cuestan miles de millones de dólares al año, pero esto es solamente la punta del iceberg de la externalización. Los subsidios indirectos son mucho más grandes. Los accidentes laborales cuestan a los americanos más de 100 mil millones de dólares al año, y el cáncer provocado por las condiciones o emplazamientos laborales nos cuestan unos 300 mil millones. Los “precios fijados” (ilegalmente) entre empresas y la falsa publicidad cuestan más de 1 billón de dólares anuales. La polución atomosférica cuestan más de 200 mil millones al año. (Ver Ralph Estes, Tyranny of the bottom line:why corporations make good people do bad things. San Francisco: Berrett-Koehler, 1996, p.177-178).

El sistema global de comercio resulta en la transferencia de riqueza desde los pobres a los ricos. Cuando la civilización industrial destruye la capacidad productiva de las tierra y los bosques, la reducción de la productividad y la calidad del aire se pasan a futuras generaciones. Los verdaderos costes del sobreconsumo por parte de humanos son pagados también por otras especies, con sus vidas.

Para una rápida ojeada de las relaciones reales entre el Panóptico y la seguridad, comparad el número de criminales callejeros en las cárceles con el número de delincuentes empresariales entre rejas, y comparad el daño que cada tipo de delincuentes causa a la sociedad. Para una rápida ojeada acerca de la ética de aquellos que pretenden terminar con la corrupción corporativa (perdón por la redundancia), sólo necesitamos mencionar que el segundo fiscal general Larry Thompson, el líder de los fiscales anti-corrupción corporativa elegido por Bush “fue por breve tiempo tema de controversia cuando salió a la luz que era el director de la compañía de tarjetas de crédito Providian, que pagó más de 400 millones de dólares para saldar el importe de las sentencias sobre fraudes de seguridad y a consumidores” (CBS/AP, “Top DOJ officials stepping down”).

¿Dónde más va el dinero para la Seguridad?

La CIA tiene su propia empresa, In-Q-Tel, que financia investigación en software capaz de extraer significados de fotografías digitales y vídeo clips de millones de coches, señales de tráfico y rostros humanos (Associated Press, “CIA funds new ventures with In-Q-Tel”, USA Today, January 10, 2002 y Rick E.Yannuzzi, “In-Q-Tel: a new partnership between the CIA and the private sector”, Defense Intelligence Journal 9, no.1 (Winter 2000).

¿Dónde más? En otoño de 2003, Estados Unidos estaba gastando 3.900 millones mensuales en operaciones militares en Iraq, un tercio de lo cual iba a las empresas de catering, de construcción de las bases militares, de servicios… donde las grandes empresas incluyen a New Bridge Strategies y Halliburton, que disfrutan de estrechas relaciones con la administración (Douglas Jehl, “Insiders’new firm consults on Iraq”, New York Times, September 30, 2003).

Es la regla de oro: quien tiene el oro hace las reglas.

Aprendemos, en esta fecha tardía, que la máquina está chapada en oro.

“Bienvenidos a la máquina”, pags. 255-256 (Editorial Klimanen)

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