GUARDABOSQUES

El tiempo perdido

Pedro Manuel González Reinoso

GUARDABOSQUES – No hay culpa mayor que gastar en lo que no dará satisfacción ni provecho. Así invirtamos en ello el precioso tiempo de nuestras vidas.

Duele mirar estas imágenes hoy, meses después que hiciera el reportaje desarrollista que nunca publiqué. Estuvimos los de Caibarién en sequía mirando hacer obras de ingeniería al Sectorial de Comunales, durante varios meses de 2018.

Lo-que-no-sirvió-(2).jpg–Obreros de Acueductos–, dijeron

Por pena y condescendencia con los honestos que allí laboraron, los que no pudieron (o no quisieron) hacer las cosas bien, fue que me abstuve de sacar a la luz las instantáneas.

Y también por los vecinos entusiastas que les acompañaron, incluso a cargar tubos, a poner la nueva llave maestra que costó un carajal de esfuerzos (y dineros) conseguirla donde los militares tacañuelos, pues cuando se trata de ceder sus “materiales destinados al desarrollo del turismo” (con el cual perviven en sus filas), ni hablar.

Mil trabas. Pero bueno…

A pocos importa ya que se salga el agua a borbotones en la maltrecha ex fuente de la eterna decrepitud que en este mismo diario denunciamos hace unos años.

Lo-que-no-sirvió-(9).jpgEmblema que recibe con su ambiente humectadísimo a todo visitante que arriba a la hoy árida Villa Blanca (como para enfangarle el mote); justo a la puerta del Zoo, que es otro desastre ambiental sin nombre.

Conservaba la tonta esperanza de que esta vez el arreglo sirviera y durara, de que no derrocharíamos más agua que la que suele escaparse entre las junturas colimadas de las tuberías de mi pueblo, por obra y gracia de camiones cargados con pesos inapropiados para las vetustas vías.

Lo-que-no-sirvió-(0).jpgLleva años soterrada la red hidráulica toda, hecha con la arcaica tecnología de otras épocas, tanto, como un siglo y más.

De hierro fundido el núcleo, con muy degastados empalmes, otrora perdurables, sellados con un solvente derivado del tóxico plomo.

Lo-que-no-sirvió-(6).jpgDe niño recuerdo el olor flotando en las cuadras, mientras derretían barras en bullones de pesado metal. Desde entonces no se utiliza el método, pero siguen allí, en el subsuelo.

Plomo peligrosísimo, que libera iones invisibles cada vez que el agua pasa (cuando pasa). Y nos llega hasta la boca sedienta sin enterarnos qué mixtura tragamos.

Lo-que-no-sirvió-(11).jpgAlguien preguntó en el Ministerio de Salud Pública por los índices de anémicos en Caibarién, y ¡vaya sorpresa! apenas existe secuela de que ya no ingiramos sanos pescados, como antes del desastre humano y natural ocasionado al ecosistema. Solo las embarazadas suelen padecerla.

Sigo con pena: miro la obra de ayer; sobre la calle mil veces rota y remendada a como dé lugar. En cuanto pongan el agua en el circuito, sin falta, se anegará la avenida.

Lo-que-no-sirvió-(1).jpgDe paso, crecerán muchos árboles con tan alto derroche, anidarán mosquitos, tendremos más dengue… y vectores.

Proseguiremos, de manera cíclica e interminable como en la obra de Marcel Proust, en busca del tiempo perdido.

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Santa Lucía: crónicas de una muerte encubierta (IV parte)

Arliz Plasencia Fernández

El proyecto EMINCAR, conocido como Polimetálico Castellanos, comenzó a procesar minerales en octubre de 2017, en Minas de Matahambre, Pinar del Río. A un costo de 270 millones de dólares, el proyecto mixto lo ejecuta la Empresa Minera del Caribe SA, una alianza entre la estatal cubana Geominera (51%) y la transnacional europea Trafigura (49%), con sede en Ámsterdam, quien comprará todo el mineral.

El hecho de que el yacimiento este siendo explotado por una empresa mixta con capital y trabajadores de otras nacionalidades está siendo la causa de dos graves problemáticas.

emincar-10.jpgSegún los pobladores, aledaño a la mina, se construyó un pequeño hotel que alberga a trabajadores, pero otros prefieren rentarse en casas de alquiler en Santa Lucía, cuya renta oscila entre 25 y 30 CUC, según pudimos corroborar, debido a que incluyen en su oferta servicio de comidas, aire acondicionado y agua caliente.

La demanda por parte de los trabajadores extranjeros ha generado un disparo en los precios de este servicio, lo cual beneficia a quienes viven de esta actividad, aunque la subida aún no ha llega a la parte menos céntrica de la localidad.

Este fenómeno de gentrificación en ciernes resulta otra amenaza para los lugareños, pues el alza de los precios pudiera llegar a otros productos y servicios, lo que obligaría a aquellos con escasas fuentes de ingreso a transgredir, a transformar sus actividades de sustento o incluso, a salir de la comunidad.

santa-lucia-(24).jpgPor su parte, la prostitución y la proliferación de las enfermedades de transmisión sexual afectan en la actualidad sobre todo a la juventud, según pobladores entrevistados por GUARDABOSQUES.

La primera está en franca concordancia con la entrada de trabajadores extranjeros a la localidad, mientras la segunda no solo tiene que ver con ellos, sino también con contingentes de trabajadores contratados por la empresa minera para la construcción, provenientes fundamentalmente de las provincias orientales del país.

En 2011 el salario medio de un trabajador de explotación de minas y canteras era de 443 pesos, según el anuario estadístico 2016 (*). Ya para 2014 ascendió a 1055, y en el 2016 ascendió a 1442 pesos, más otras prestaciones.

En la actualidad, con salarios de alrededor de 5 000 pesos mensuales, estos obreros nacionales se han convertido en nuevos personajes con poder adquisitivo dentro del otrora tranquilo panorama del lugar.

santa-lucia-(29).jpgAparejada a esta subida en el salario, aumentó el número de personas empleadas en tal rubro en la localidad de Minas de Matahambre, siendo en el 2013 de 2960 personas y para el 2016 de 3082 trabajadores.

Resulta, por tanto, una actividad atractiva frente a la precaria realidad salarial de Cuba. Sin embargo, los salarios y mejorías para las comunidades donde se asientan estas explotaciones no se muestran en concordancia con los beneficios que para el país reporta la minería, sino que solo benefician a unos pocos, dejando al resto de la población en franca situación de vulnerabilidad.

La falta de interés por el entorno, el desconocimiento de cómo su degradación repercute directa e ineludiblemente en el ser humano, sumadas a la desinformación o tergiversación de la realidad y al utópico pensamiento de prosperidad asociada a la invención extranjera, ubica a esta población en un estado ideal de no enfrentamiento, que resulta muy conveniente para quienes se benefician de la extracción.

santa-lucia-(46).jpgSus víctimas van camino a una lenta y solapada muerte de su entorno, de sus posibilidades y con ello, de sus vidas. Una muerte lenta, imperceptible y claro, no tan anunciada.

Puede que existan quienes tengan una visión más realista de este fenómeno, por haber experimentado utopías y decepciones similares, o simplemente, por haber vivido más y tener una conciencia más “consciente” de la realidad.

Sin embargo, para las nuevas generaciones de pobladores, este fenómeno puede resultar maravilloso, o totalmente ajeno. Uno y otro caso resultan en extremo peligrosos.

santa-lucia-(41).jpgReferencias

(*) Anuario estadístico 2016. Minas de Matahambre. ONEI

Apuestas

Katia Siberia

Nunca había visto a un gallo sin ojos, ni siquiera de lejos. Y a ese se los habían acabado de sacar, no sé si con el pico o con las espuelas porque el aleteo me impedía ver las pocas veces que me convencía de mirar. Si lo supe fue por la insistencia con que el blanco le picoteaba la cabeza, mientras el cenizo tiraba espuelazos a ningún lugar, y por la sangre que le chorreaba hasta dejar un poco rosado al otro y mojar la arenilla de la valla, también.

Pero casi llego a dudarlo cuando el hombre gritó ¡50 mil a que el ciego gana, 50 mil a que el ciego…! y el del frente dijo, voy, e hicieron un gesto guapetón casando sus apuestas en la zona VIP, que es donde se sientan por 60 pesos los viciosos natos a perder dinero o a ganar, depende del gallo al que le apuesten.

Pues aquel hombre le iba por 50 mil al ciego y yo creí que el cenizo no podía estar tan ciego como para alguien le apostara mi salario de casi nueve años. Ni que aquel hombre podía estar tan loco, como para jugársela por un gallo así: y las dos veces me equivoqué.

El galló se quedó, ciego primero, muerto después, y el hombre, sin dinero. Y yo, aturdida, sentada en lo alto de la valla que es donde se sientan los espectadores menos enjundiosos por 30 pesos; los de apuestas flojas y ocasionales. Mirando cómo los dueños se iban con los gallos bajo el ala de sus brazos; cabizbajo, el del gallo muerto, exaltado, el del moribundo. Incrédula, al ver que mientras los jueces anunciaban la otra lidia, cientos y cientos en el público se transferían con prisa y ruidosamente, fajos de billetes.

Si lo hacían rapidísimo no era porque los billetes de alta denominación fueran fáciles de contar y se llegara a 5 mil pesos en uno, dos, tres, cuatro y cinco o a su equivalente en CUC, con 4 de de 50. O por temor a que alguna autoridad descubriera que en la valla de ALCONA − la comercializadora y exportadora de gallos de lidia, adscrita (increíblemente) a la Empresa para la Protección de la Flora y la Fauna−, no solo se mataban aves (algo que ya sabían cuando la legalizaron) sino que se jugaba dinero (algo que si no sabían, debieron imaginar, al menos).

Y volví a equivocarme las dos veces: la urgencia era el preludio de la siguiente pelea que casi empezaba y de la cual no podían perderse ningún detalle; las poses de los gallos en sus jaulas de metal, sus colores, su raza… Antes de los primeros espuelazos ya estaban unos desesperados por ganar más y otros, más desesperados, por recuperarse. Todos apostando de nuevo.

Aunque en una parte del graderío no se divisaban trueques, solo escándalo y morbo. Quizás porque habían casado sus apuestas anticipadas o porque el disfrute se reducía a presenciar la muerte del animal y no querían arriesgarse a perder otra cosa, además de sus escrúpulos.

En esa parte estaba yo, desubicada. Disimulando las fotos que, dicen, están prohibidas, pero como las apuestas también…terminé haciéndolas con menos miedo que los gallos que se pelean a muerte. No alcanzó el zoom, sin embargo, para el juez que hace dos años y medio− cuando la valla de Ciego de Ávila abrió sus puertas jactándose de ser la más grande del país− confesara a Invasor que el día inicial hubo apuestas de 300 mil pesos y “jueció” peleas− relámpago de 56 milésimas de segundos. Gallos súper letales aquellos.

Allí seguía él, invicto, con el micrófono en una mano y el cronómetro en la otra, animando la tarde de este sábado 23 en el que nadie hubiese apostado por mí.

Publicado en: https://laletradesiberia.wordpress.com/2019/03/01/apuestas/

Costa Rica sufre grave contaminación en ríos por escaso manejo de aguas residuales

Juan Fernando Lara

Autoridades de Gobierno alertaron este miércoles que Costa Rica padece serios problemas de contaminación en sus cuerpos de aguas y cauces de ríos debido a aguas residuales y residuos sólidos vertidos en ellos.
“Costa Rica ha invertido en materia ambiental y somos nación de referencia en esa materia pero la calidad de las aguas en nuestros ríos y el deterioro de estos cauces por contaminación es bastante alto”, señaló Yamileth Astorga, jerarca del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA).
Algunos de los ríos más sucios, por contaminaciones elevadas, son los cauces metropolitanos del Tiribí, María Aguilar y Torres; entre otros.
La recuperación de esos cuerpos de agua, aseguró Astorga, requiere inversiones en infraestructura por un costo estimado de $6.222 millones hasta el año 2045. La mayoría de esos fondos, aclaró Astorga, sería mediante créditos.
Por ahora, en todo Costa Rica, las viviendas conectadas al sistema de alcantarillado sanitario suman 331.000 a enero de este año.
Esa cantidad de casas equivale a 21,5% de viviendas en Costa Rica, las cuales suman 1.540.000 según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) al julio del 2018.
De esa población conectada, solo 37% (unas 123.000 casas) reciben tratamiento en una planta. El 63% (208.000) adicional tienen alcantarillado sanitario pero sin tratamiento.
De ellas, el 76% depositan sus aguas jabonosas y fecales en un tanque séptico con manejo de lodos, lo cual, admitieron las autoridades, también tiene diversos problemas.
Astorga señaló que los tanques sépticos y drenajes tiene deficiencias en diseño, construcción y mantenimiento.
“Cada casa, comercio o sitio que se construye incluye un diseño correcto del tanque séptico pero, en la realidad, o no se construyó el tanque o no se conectaron las aguas al tanque. Eso nos lanza esas aguas a los ríos metropolitanos donde tenemos un contaminación extrema”, aseguró Astorga.
Este tipo de carencias afectan directamente zonas turísticas costeras a donde desembocan las aguas contaminadas de esos cauces metropolitanos. Eso eleva el riesgo allí de contagio de enfermedades por transmisión hídrica.
“No tener sistemas adecuados de manejo de aguas residuales crea problemas de salud básicos como malos olores. Esto puede conducir a deterioros de la salud mental; incluso depresión o, en casos peores, proliferación de plagas como roedores que potencialmente pueden causar brotes de enfermedades”, señaló Daniel Salas Peraza, ministro de Salud.
Las declaraciones de las autoridades concuerdan con los más recientes índices internacionales y contrastan con la imagen de país verde que también ostenta Costa Rica.
La posición del país en el Índice Ambiental de la Universidad de Yale pasó del quinto puesto en el 2011 al 54 para el 2013; específicamente por su aún escasa cobertura de saneamiento de aguas residuales.
“Nos vendemos como un país verde, pero en materia de aguas residuales y calidad de nuestros ríos no hemos sido consecuentes”, refirió Astorga.
Conferencia regional
El diagnóstico nacional llega casi un mes antes de la celebración de la V Conferencia Latinoamericana de Saneamiento (Latinosan 2019) prevista entre el 1.° y 3 de abril próximos en el Centro de Convenciones de Costa Rica.
El foro que convoca a 1.200 participantes procura promover el acceso universal a servicios de saneamiento de calidad y que sean sostenibles.
Realizado cada tres años, el foro reúne autoridades nacionales de Latinoamérica y Caribe que analizan cambios sociales, económicos, ambientales y políticos.
El programa aborda temas de urbanización y ruralidad, planificación de desarrollo sostenible y prestación de servicios de acceso universal a agua potable y saneamiento en comunidades vulnerables y zonas indígenas.

Juan Fernando Lara: Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, tarifas y telecomunicaciones.
Publicado en: https://www.nacion.com/el-pais/infraestructura/costa-rica-sufre-grave-contaminacion-en-rios-por/RWEWPMZEZBFZ5IPFCW5Z3NEZLI/story/

Solidaridad con protectoras de animales en Alamar

GUARDABOSQUES – La Red de Apoyo a los Protectores Independientes de Cuba (RECPA) y el colectivo Guardabosques acudieron este lunes a la solicitud de colaboración por parte de protectoras de perros y gatos, residentes en Alamar, al Este de la capital cubana.

20190225_110850.jpgUn par de ancianas, que acogen en su hogar a más de una decena de gatos y dos perros, necesitaron nuestra ayuda para despejar y acondicionar un área en los bajos del edificio donde viven, y que ellas han destinado para sus mascotas, y para sembrar árboles y yerbas medicinales y aromáticas.

Las ancianas han sufrido la incomprensión de los vecinos debido a su pasión por los animales abandonados y su voluntad de darles refugio.

20190225_120833Gran cantidad de basura debimos retirar del espacio, proveniente de los pisos superiores, la cual ellas solas no hubieran podido remover.

Protectores y protectoras comúnmente son subvalorados en las comunidades, y a veces hasta despreciados. Es cierto que moverse entre animales a veces sucios o enfermos, puede resultar repulsivo para algunas personas.

Justo por eso, por saber sobrepasar ese escrúpulo inicial y entregarse a tan noble tarea, deberíamos ser más considerados y solidarios con estas activistas por cuenta propia, que nada ganan para sí, sino para los seres que protegen y cuidan.

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La labor terminó con un sabroso pan con tortilla ofrecido gentilmente por las protectoras, y un jugo de piña y jenjibre elaborado magistralmente por Irina Echarry

La crisis venezolana y la otra crisis: petróleo, cambio climático y transformación civilizatoria

Francisco Javier Velasco *

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Venezuela, símbolo de modernidad petrolera y urbana en la periferia durante varias décadas de la segunda mitad del siglo XX, nación a la que el gobierno republicano de Eisenhower se refiriera como el modelo a seguir por América Latina, acapara la atención mundial como nunca antes después de casi un lustro de deterioro continuo. Al  descalabro económico sin precedentes de nuestro país se asocian la hiperinflación, el desmoronamiento de la industria petrolera, la caída estrepitosa y extraordinaria  del PIB, el aumento vertiginoso de la pobreza, el colapso de los servicios públicos, el resurgimiento de endemias dadas por desaparecidas, penurias de todo tipo que han forzado la emigración de millones de ciudadanos  y una aguda y peligrosa crisis sociopolítica con un doble poder a la cabeza del Estado, cuya salida luce aún incierta y riesgosa en el marco de  continuas protestas de diversos sectores, masivas movilizaciones, represión con saldo de decenas de muertos y numerosos heridos, denuncias de sabotaje y de corrupción escandalosa,  enconados debates mediáticos, una crispación creciente de los ánimos, perturbadores muestras de anomia social y amenazas de invasión militar.  Los sucesos de las últimas semanas cristalizan además tensiones geopolíticas mayores que derivan de la participación activa de las grandes potencias mundiales en el conflicto.

En un ambiente en el que los contrincantes hacen esfuerzos por repolarizar el escenario político, muchos atribuyen la crisis al gobierno de Nicolás Maduro, resultado del legado de Hugo Chávez y su fracasado ensayo de socialismo del siglo XXI, con su secuela de corrupción, desconocimiento de la normativa constitucional, violación de derechos humanos y desastre económico, incluyendo la influencia de los intereses económicos y estratégicos de la China de Xi Xinping, y la Rusia de Vladimir Putin. Otros, a una sostenida guerra económica emprendida por sectores adversos al gobierno que cuentan con el poderoso apoyo de la administración de Donald Trump, la cual mantiene una relación de continuidad con la tradicional injerencia imperial de los Estados Unidos en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Cada grupo esgrime una parte de lo que pudiéramos llamar la “verdad”, pero son sólo dos partes que de ninguna manera completan el todo integrado en la medida en que, en algunos casos a conciencia y en otros muchos sin saberlo, dejan de lado el hecho de que el conflicto corresponde a una disputa de fondo entre factores y grupos nacionales e internacionales por ocupar un lugar preminente en un mismo sistema de control y dominación que expolia a la Naturaleza y degenera a los humanos. Pareciera aquí que las circunstancias históricas se conjugan para ocultar el verdadero y fundamental rostro de lo que está en juego, lo que lleva a diversos interpretadores al simplismo, el lugar común, el error y el estancamiento sin perspectivas de salida. Inmersos en una realidad compleja, surcada por velos, espejismos y potes de humo, quienes pretenden explicar se topan muchas veces con los árboles que no dejan ver el bosque, sin capacidad de vislumbrar el panorama de conflicto más allá del dramatismo de los acontecimientos cotidianos que tienen amplio eco en los medios de comunicación y el vociferante debate partisano. Esa dificultad resulta en gran medida de la propia realidad, de la imprecisión de muchos hechos, de la forma imprevista en la que se producen y las peculiaridades de la situación histórica; con un peso aún mayor agregamos la inadecuación de los sistemas interpretativos y los límites de la racionalidad que orienta reflexiones y acciones. También convergen en este conjunto falsedades y equivocaciones que se regodean de modo diverso y cambiante en la ilusión, el engaño y el autoengaño derivados de posturas ideológicas sectarias, reductoras y en franco proceso de obsolescencia ante el desmoronamiento de ideas que se tenían por permanentes. Nuestra historia y la historia universal, para nada lineales y homogéneas, están llenas de paradojas y “argucias”. Entre la perplejidad y la entrega, entre la confusión y la conciliación, muchos desorientados de buena fe, otros con beneficios e intereses mezquinos estrechamente ligados a las alianzas que defienden, participan en una dinámica que lleva a los llamados tiranos de ayer a convertirse en los liberadores de hoy, que hace que los que se presentaban como los paladines de la justicia social en el pasado se conviertan  en los opresores del presente, todo un juego histórico de intercambio de roles que se adecúa y muta  en función de la perpetuación de las jerarquías, el sometimiento, las desigualdades y la explotación. Se requiere entonces de visiones con mayores pretensiones de totalidad, integración y flexibilidad para entender comprehensivamente un conflicto en el que dos partes confrontadas en un plano aparecen en otro de mayor trascendencia como aspectos de una misma realidad, dos caras de la misma moneda.

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Juan Guaidó y Nicolás Maduro. National Post

Ahora bien, el esfuerzo para obtener una mayor coherencia en el entendimiento de la situación debe en nuestra opinión llevarnos a ubicarnos en un contexto de mayor alcance y significación, más allá de las especificidades de la situación venezolana. No pretendemos con ello obviar la constelación de angustias, incertidumbres y sufrimientos que afectan inmisericordemente a los millones de hombres y mujeres que hacen vida en nuestro país, ni tampoco menospreciar el carácter y sentido de las dinámicas internas,  pero si creemos en la necesidad de entender su significado en el marco de otra crisis más profunda y extensa, crisis civilizatoria de alcance planetario que abarca múltiples aspectos y dimensiones, y que incluye como un componente central a una galopante crisis ecológica. Esta última se manifiesta a través de innumerables impactos, efectos perversos y desastrosos que inciden en una continua y acelerada simplificación y desnaturalización de la trama de la vida global. Conviene aclarar aquí que no buscamos entender la crisis venezolana contemporánea como una determinación mecánica de la crisis global pero si ubicarla en un entramado de relaciones en las que ella ilustra, revela y refleja problemas, y consecuencias de alcance global que tienen que ver, entre otros aspectos, con el rol desempeñado por el petróleo en nuestra configuración económica, societal y nuestras circunstancias ecológicas.

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La refinería Cardón que forma parte de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, en julio. Carlos Jasso/Reuters

Con las mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela es un arquetipo de petroestado fallido en el que distintos factores han incidido durante cerca de un siglo para configurar una realidad estatal y social cuyo ingreso depende fundamentalmente de la exportación de petróleo, con un poder económico y político altamente concentrado en una élite minoritaria e instituciones que se mueven al vaivén de  la discrecionalidad, la corrupción y el inmediatismo en un trecho temporal marcado por abruptas alzas y declives de la renta  petrolera. Incapaces de sortear la lógica cortoplacista y de entender las complejidades económicas, políticas, sociales, culturales y biofísicas de la industria petrolera,  distintos gobiernos, dictatoriales, de democracia representativa, neoliberales, populistas con pretensiones socialistas, mediatizados por un vínculo de dependencia que los ha atado siempre al orden mundial dominante, fundaron sus expectativas y propósitos particulares en la causa  común de perpetuar el extractivismo sin tomar en cuenta sus propias dinámicas y transformaciones a escala local  y global. Con una producción en declive desde hace más de 20 años, sin haberse recuperado del todo de la crisis de la deuda de los años 80 del siglo XX, afectada por la llamada “enfermedad holandesa” estructuralmente asociada a su economía, sin estar preparada en materia de infraestructura e inversiones, Venezuela se topó después del período de altos precios del petróleo 2005-2008, con un creciente desplazamiento internacional hacia formas no convencionales de petróleo y gas que se hizo más patente después del colapso de los precios en 2014 y que llevó al país a una situación de extrema debilidad e insuficiencia que le impedían colocar el petróleo pesado de sus vastas reservas (de explotación y transporte más difícil y costosos) en el mercado. Pero esto no es todo, el asunto petrolero se sitúa en el centro de la crisis ecológica que tiene en el cambio climático una de sus principales y más catastróficas expresiones. Comprender la crisis climática requiere una visión sistémica de la centralidad de la combustión de fuentes de energía fósil, causa fundamental de ese fenómeno, para la emergencia y la resiliencia constante del capitalismo. De hecho, el capitalismo en su versión contemporánea es prácticamente inimaginable sin el crecimiento exponencial del uso de la energía –y los vastos reemplazos de la energía por el trabajo– que los combustibles fósiles (el carbón, el petróleo y el gas) han hecho posible. Hace poco hemos visto confirmadas una vez más las predicciones de fenómenos climáticos extremos como el vórtex polar que afectó a buena parte de los Estados Unidos y las elevadas temperaturas registradas simultáneamente en Australia que causaron pavorosos incendios. Ya es un hecho el derretimiento progresivo del Ártico y la desaparición acelerada de glaciares en distintas partes del planeta. A esto se suman un conjunto de muchos otros impactos problemáticos y sistémicos del cambio climático actualmente en curso.

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Patrick Chappatte, politicalcartons.com

Por su parte Venezuela, se ha visto notablemente afectada por el creciente caos climático, lo que ha incidido en la aceleración de la espiral de su específico y hasta ahora incontenible colapso económico, social y político. Siendo Venezuela un país que genera más de un 60% de su electricidad a partir del agua contenida en represas, su provisión de energía hidroeléctrica resulta cada vez más vulnerable ante las sequías inducidas por el cambio climático. Recordemos que en 2016 el nivel de las aguas en la represa del Guri, infraestructura energética de carácter estratégico, alcanzó mínimos históricos. Más recientemente, en el mes de marzo del año pasado, el gobierno presidido por Nicolás Maduro se vio obligado a imponer un estricto racionamiento del consumo eléctrico en seis estados del occidente del país, dado que el nivel del agua en reservorios claves para la generación de electricidad había descendido drásticamente. En este sentido, investigaciones rigurosas han demostrado que Venezuela está expuesta a las oscilaciones cada vez más frecuentes e intensas del fenómeno El Niño, que es la mayor fluctuación del sistema climático de la Tierra. Entre 2013 y 2016 la intensificación de El Niño trajo como consecuencia una importante disminución de las lluvias y un severo déficit de agua en 2015 que dio pie a la peor sequía experimentada en casi cincuenta años, afectando con mucha fuerza a su red eléctrica, obsoleta y con un pésimo mantenimiento, lo que a su vez se tradujo en frecuentes y prolongados apagones. Según pronósticos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático esta situación tiende al deterioro y, de mantenerse el estado actual de cosas, va a impactar significativamente en el futuro a extensas zonas del occidente y el oriente de Venezuela, provocando entre otras calamidades una mayor disminución de la pluviosidad, una devastación en los cultivos de rubros tales como maíz, caraotas y plátanos en todo el territorio, y mayor cantidad de apagones en el sistema eléctrico. No podemos dejar de mencionar los efectos climáticos que ya está generando la actividad minera en la Amazonia venezolana y en otras zonas del país y, especialmente, los que ocasionará el megaproyecto del Arco Minero del Orinoco, con el cual se busca diversificar y, por lo tanto, ampliar la base económica y societal extractivista. Ante este dramático panorama, aferrándose al modelo petrolero con anuncios de incremento de la producción y manteniendo el patrón de consumo energético interno, en gran medida dependiente de la matriz conformada en torno a los combustibles fósiles, nos encontramos con que es casi nulo lo que el Estado ha llevado a cabo y se propone realizar en materia de previsión y acción para hacer frente al cambio climático.

De manera pues que resulta indispensable emplazarnos en otros niveles de análisis a la hora de abordar la explicación, los efectos y las posibles soluciones  de la crisis que ferozmente nos acomete en estos momentos. Esto supone deslastrarnos de una engañosa polarización que, aunque real, aguda y hasta violenta en un sentido, puede terminar en otro conduciendo a una transición pactada entre “caballeros” de una misma cofradía (vale a traer aquí a colación la famosa pregunta del genial actor cómico mexicano Mario Moreno, mejor conocido como Cantinflas: ¿Como caballeros o como lo que somos?), dejando como siempre a un lado al pueblo en toda su diversidad. Esta consideración vale también para lo que pudiera ocurrir en el ámbito del ajedrez geopolítico. Baste rememorar los acontecimientos que involucraron a Venezuela en 1902, año en el que, para forzar el cobro de una deuda externa, diversas potenciales imperiales europeas se aliaron para bloquear y bombardear nuestros puertos. No resulta descabellado pensar que, eventualmente, los rivales que representan los Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia, podrían conformar una coalición similar en aras de “la seguridad y la estabilidad global”.

Las circunstancias históricas excepcionales que vivimos domésticamente nos obligan adicionalmente a trasformar de raíz nuestros modos hegemónicos de vida, el haz de relaciones socioecológicas tejidas en torno al petróleo. No obstante,  como  lo que ocurre en Venezuela es de cierta manera reflejo de situaciones presentes en otras partes y a la vez muestra lo que también pudiera sucederle a otros petroestados, pero también en un sentido más amplio y con matices diferenciados al resto del mundo, conviene embarcarnos también en la tarea universal de superar los legados de jerarquía social y dominación a escala global, sustituyéndolos creativamente, en un marco de diversidad,  por alternativas, estructuras y  modos que propicien la construcción de un mundo socialmente y ecológicamente más armonioso, para que la humanidad en su conjunto y la Tierra continúen  existiendo en mejores y más fecundas condiciones.

Imagen de portada: PROVEA

Doctor en Estudios del Desarrollo (CENDES, 1999). Doctor en Sociología (Université du Québec á Montréal, 1990). MsC. en Planificación Urbana (McGill U, 1986) y Antropólogo (UCV, 1981).  Ha sido profesor-investigador de las áreas socio-ambiental  y teoría social. Actualmente miembro de la coordinación general del Observatorio de Ecología Política y activista de la Plataforma contra el Arco Minero del Orinoco.

Publicado en: http://www.ecopoliticavenezuela.org/2019/02/12/la-crisis-venezolana-la-otra-crisis-petroleo-cambio-climatico-transformacion-civilizatoria/

 

Ómnibus eléctricos en La Habana

Jancel Moreno

GUARDABOSQUES – A inicios de año se conoció la entrada al país de nuevos ómnibus con el fin de aliviar el problema de la transportación en la capital cubana.

Un contrato con la empresa china Youtong permitió adquirir un lote de ómnibus híbridos (eléctricos-diesel) tipo E2, que sin dudas son un verdadero alivio, no solo para el transporte en la urbe, sino además para el medio ambiente.

bondiLos 39 ómnibus que actualmente recorren por las calles de La Habana son híbridos, pues poseen un motor eléctrico alimentado principalmente por baterías de diferentes tipos, y un sistema de apoyo convencional (motor de combustión interna), lo que brinda mayor seguridad en caso de agotamiento de las reservas energéticas.

Estas guaguas se encuentran en la terminal de Palatino, del municipio capitalino Cerro, pues fue allí donde se experimentó con el primero de su tipo en Cuba (ómnibus totalmente eléctrico). Ya los trabajadores de esta base poseen la capacitación adecuada para su manejo.

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Cubren las rutas A27 (antes 27), A20 (antes 20), A14 (antes 114), A81 (antes 202), A13, A51 (antes 38), A97 (antes 9). Fotos Jancel Moreno.

La implementación de esta modalidad de transporte ha sido bien recibida por los capitalinos, quienes aseguran “son más cómodas, casi ni se sienten” e incluso algunos afirman “parece que voy volando, yo creo que es una buena idea para el futuro”.

La medida tomada por la Empresa Provincial de Transporte La Habana se inserta dentro de la Tarea Vida, que intenta disminuir las afectaciones al medio ambiente en la isla.

Su principal ventaja es que estos disminuyen la emisión de gases tóxicos a la atmosfera, y al mismo tiempo permiten un ahorro en el uso de combustibles fósiles.

De acuerdo con datos ofrecidos por Youtong, estos ómnibus cuentan con 35 asientos, una capacidad de batería de 285 Kilowat/hora (kWh) lo que le permitiría recorrer entre 250 y 300 kilómetros. Su consumo medio sería de unos 0.84 KWh/km y alcanzan una velocidad de 65Km/h.

Al entrar en la islalos vehículos sufrieron modificaciones debido a que funcionaban con 300 Volts, mientras que en Cuba se trabaja con 110, 220 o 440 volts.

Pero ¿qué ventajas y que desventajas posee este modelo de autobuses?

  • Coste de consumo inferior; uno de los costos más elevados en una empresa de transporte es el combustible. Un autobús convencional consume grandes cantidades de combustible como gasolina. Por su parte, la electricidad resulta un combustible más económico.
  • Un espacio mejor distribuido; los motores eléctricos ocupan menos espacio e incluso son más versátiles que los habituales. De este modo se puede lograr un mejor aprovechamiento del espacio y generar más confort.
  • Menor contaminación atmosférica, como ya comentábamos, esta variante del transporte constituye un alivio en la emisión de gases a la atmosfera.
  • No producen ruido, lo cual es un tremendo alivio para la contaminación acústica de nuestra ciudad. Un autobús convencional provoca una serie de ruidos debido a su motor, mientras que en los eléctricos estos son muy bajos, y solo podría molestar el claxon.
  • Logran convertir entre el 60 y 90% de su energía en energía mecánica, y por lo tanto en movimiento. Sin embargo, los autos de combustión interna, sólo llegan a estar entre un 15 y 20% de conversión.
  • Necesitan muy poco mantenimiento para su funcionamiento óptimo.

onmibus-electricos3.jpgPero no todo es bueno; veamos:

  • Poseen, un mayor precio en el mercado internacional en comparación con el resto de autobuses, por lo que resulta difícil su adquisición y más aún para nuestro país.
  • Poca potencia. Normalmente se espera que un autobús sea muy potente, puesto que hablamos de un vehículo muy pesado y destinado a transportar un elevado número de personas. El autobús eléctrico, aunque genera una potencia eléctrica suficiente, aun no se puede comparar con los convencionales.
  • Necesitan de un largo tiempo para la recarga de las baterías. Una de las principales ventajas de un motor convencional es su poco tiempo para la recarga con combustible. En cuestión de minutos el deposito queda totalmente lleno. Mientras, el autobús eléctrico necesita varias horas para cargar totalmente sus baterías.
  • En general, estos autobuses poseen menor autonomía, sobre todo para largos viajes. En el mundo se continúa avanzando en perfeccionar este detalle.

Aunque es una realidad que estos ómnibus aun requieren de la quema de combustibles fósiles para su construcción y funcionamiento con electricidad, sí representan una disminución sobre la emisión de gases y además al ruido causado por los ómnibus convencionales.

Se debe continuar trabajando para la implementación de nuevas iniciativas que busquen fomentar este tipo de transportación en un futuro en la isla, además de nuevas opciones para continuar disminuyendo las afectaciones al medio del que somos parte.

Santa Lucía: crónicas de una muerte encubierta (III parte)

Arliz Plasencia Fernández

El mal manejo del presupuesto estatal y de los procesos de mitigación de riesgos ambientales, caracteriza a la localidad de Santa Lucía, en la provincia de Pinar del Río, que durante décadas ha sido explotada para la minería intensiva.

De esta actividad surge en la década de los 60 la planta de producción y procesamiento de ácido sulfúrico, denominada Sulfometales. Precisamente la mina Castellanos dio lugar a la planta debido a que la pirita, uno de los minerales presente en este yacimiento, se emplea en la obtención del ácido sulfúrico.

En 2013 la mayor fuente emisora de contaminantes a la atmósfera en la región era esta planta de Sulfometales, emitiendo 18.02 toneladas de dióxido de azufre (SO2) al año, según lo publicado por el “Inventario de emisiones de contaminantes en las fuentes fijas de las zonas urbanas de Pinar del Río y Santa Lucía” (1).

emincar-8.jpgEl dióxido de azufre es el componente básico de la lluvia ácida. Las afecciones respiratorias y de la vista se encuentran entre las provocadas por este gas.

Otros gases emitidos por esta planta son PM25 y el PM10, siendo el primero más dañino al poseer partículas de menor tamaño, capaces de penetrar hasta los alvéolos pulmonares, provocando afecciones de las vías respiratorias.

Por su parte, los óxidos de nitrógeno (NOx), con una emisión anual de 2.16 toneladas a la atmosfera igualmente inciden en las vías respiratorias, fundamentalmente de los niños, a la vez que agrava la condición de los asmáticos, al disminuir su respuesta inmunológica frente a la enfermedad.

La irritación de las vías respiratorias y el agravamiento de los padecimientos cardiopulmonares son otras de sus nefastas consecuencias.

Otro de los gases contaminantes producto de la actividad minera es el monóxido de carbono (CO), cuyos efectos en la salud humana son: “el dolor de cabeza, la reducción del discernimiento mental, la disminución de la capacidad de la sangre para acarrear oxígeno, sobre todo en personas con afecciones nerviosas, cardiovasculares o pulmonares.” (1)

La contaminación ambiental generada por la actividad industrial de la empresa de Sulfometales ha imposibilitado incluso que los habitantes de Santa Lucía siembren en algunas áreas plantas y arbustos ornamentales.

santa-lucia-(26).jpgSegún investigaciones realizadas, en las áreas exteriores del reparto Frank País, zona en la que se encuentra ubicada la citada empresa, no se aprecian árboles ni otro tipo de plantas (2). Ello se debe a que cuenta con un suelo muy erosionado por la producción de ácido sulfúrico y la consabida presencia de azufre como producto final del proceso.

En su lugar, los pobladores han priorizado cultivos que apoyen su alimentación. De estas es más abundante la yuca, que según comenta a GUARDABOSQUES uno de los pobladores, tampoco es de una variedad que destaque por su calidad.

También es significativo el descenso en los gastos de inversiones para la protección del medio ambiente en la zona. Si bien en 2013 el total de gastos en este rubro fue de 3,8 miles pesos, en 2016 solo se invirtieron 1,9 miles de pesos, según el Anuario Estadístico de 2016 (3).

Traducida esta cifra en moneda libremente convertible, es posible apreciar lo risible de la cantidad, que asciende a apenas unos 791 CUC.

santa-lucia-(7)

Santa Lucía

Ello ilustra muy bien la ineficacia de la legislación ambiental vigente. ¿Cómo es posible que un territorio que cuenta entre sus actividades económicas fundamentales con la explotación de un yacimiento a cielo abierto, con las consabidas repercusiones ambientales que ello conlleva, reduzca tan dramáticamente sus gastos en la protección ambiental?

Referencias

  • Rodríguez Valdés, Dagoberto. “Inventario de emisiones de contaminantes en las fuentes fijas de las zonas urbanas de Pinar del Río y Santa Lucía”, en Revista Cubana de Meteorología, Vol. 19, No. 1, 2013
  • Daily Ilieva Rojas González (2013) Características y composición del arbolado del consejo popular Santa Lucia, Minas de Matahambre, Pinar del Río, Revista Científico Estudiantil Vol. 1, No. 2 Ciencias Forestales y Medio Ambiente.
  • Anuario estadístico 2016. Minas de Matahambre. ONE

La suciedad de La Habana dice mal de los cubanos

Maribel Lopez Rojas

GUARDABOSQUES – No soy habanera, pero siento hondamente el dolor de ver La Habana tan sucia y fea.No obstante, la calle Línea, una de las más céntricas arterias del municipio Plaza de la Revolución, se mantiene algo limpia gracias a la labor de una mujer que lleva 36 años de su vida barriendo calles.

barrenderaMirta Frías Pérez es trabajadora de Comunales y barre por ambos lados de Línea, desde L hasta G, en doble turno.

Sólo le faltan pocos meses para jubilarse, pero ejerce su labor con seriedad y esmero, porque sabe cuán importante es su quehacer. “Me gusta lo que hago, pero la gente no considera mi trabajo”, dice a GUARDABOSQUES.

Mirta considera que es muy grande la desconsideración de las personas: “Todos tiran de todo. En estas paradas encuentras desde un condón hasta miles de colillas de cigarro, botellas, vasos, envases de jugos…”.

Además, Mirta refiere que entidades como las sedes de los Comité de Defensa de la Revolución y la Dirección de Vivienda, esperan a echar la basura en el contén justo cuando ella pasa barriendo, para que sea ella quien la recoja. Esto le ha traído desavenencias en varias ocasiones y  disputas con quienes tienen ese comportamiento.

Esta laboriosa mujer también señala que muchas veces los contenedores están vacíos y las personas depositan la basura fuera, algo que no ocurre en esta calle solamente, sino que es generalidad de muchos lugares en la capital.

basurero.jpgLos inspectores no logran controlar esta situación que crece por días y el Estado no parece priorizarla limpieza de La Habana. Siguen los indolentes sin castigo alguno y la capital sigue perdiendo su magia y la belleza ancestral con la que ha cautivado al mundo.

En guaguas, paradas, hospitales y otros lugares públicos la gente se queja de este mal. Los comentarios pululan pero nadie (o casi nadie) cuida de no ser la causa del problema.

Esta lucha ya estáperdida para los pesimistas, pero no para mí que, como martiana, tengo mi fe en lo mejor del ser humano.

COLOMBIA: ¿Se militariza la gestión ambiental y territorial?

Al tomar ese camino hay dos consecuencias simultáneas. Por un lado, incluir las cuestiones ambientales en la campo de la seguridad en un país como Colombia, y en sus circunstancias, significa militarizarla. Por otro lado, el ambiente pasa a entenderse como una “activo”, acentuándose dramáticamente la fragmentación de la Naturaleza (1)

Esta nueva “seguridad ambiental” aparece en la sección titulada “Seguridad, autoridad y orden para la libertad: Defensa Nacional, seguridad ciudadana y colaboración ciudadana”. Allí se enumeran diversos objetivos, desde asuntos clásicos en esa materia como la defensa y el control marítimo, terrestre o aéreo, al control territorial, la lucha contra la criminalización y las drogas, la protección a las personas y comunidades.

Obsérvese que de ese modo, dentro del campo de la seguridad del país aparecen mezclados en el mismo nivel, la protección de la integridad territorial y la soberanía del país, con los intereses sobre la biodiversidad, el ambiente y los recursos naturales. A su vez, esa idea de ambiente no es la clásica de los ecólogos o de las comunidades locales, sino que apela al concepto de “activos”, un término cargado de antecedentes que vienen del mundo empresarial. Se está refiriendo a la protección de recursos naturales económicamente relevantes, pero no a la conservación de plantas o animales.

Esta postura de una “seguridad ambiental” ha sido presentada como una gran novedad, aunque hay algunos antecedentes sudamericanos. Se pueden citar a los gobiernos militares en Brasil iniciados en 1964 y que se adentraron en la década de 1980, apostando por controlar la Amazonia. Sus planes no tenían una intencionalidad ecológica, tal como proteger la biodiversidad en la selva tropical, sino que respondían a una obsesión con el control territorial y encaminar una “colonización” de regiones que se consideraban vacías o desaprovechadas. Esa mirada no era ingenua ya que específicamente excluía a los indígenas, y por ello jugaba con la metáfora de región vacía o “desierto verde”. Lo relevante de esos antecedentes es que de algún modo esas posiciones se debilitaron en los años siguientes a medida que avanzaban las políticas ambientales, pero regresaron con el triunfo de la extrema derecha de Jair Bolsonaro. El nuevo presidente de Brasil, y los militares que le acompañan, resucitan los discursos de una región que debe ser explotada, de indígenas que deben desaparecer o ser reconvertidos en empresarios, y una flexibilización de los controles ambientales clásicos. No es descabellado plantearse preguntarse si las posturas tan extremas de Bolsonaro en Brasil generan condiciones para que en los países vecinos, y entre ellos Colombia, se retome esa prédica de un militarismo sobre el territorio.

Las medidas en seguridad y defensa nacional de esos “activos” estarán a manos de una fuerza de “Protección Integral Ambiental” conformada por fuerzas militares y policías, coordinando con la fiscalía y autoridades ambientales. De este modo, policías y soldados deberían ser los nuevos protectores de la biodiversidad. Se consolida así una militarización de la gestión ambiental.

Estas medidas tan extremas se deberían al reconocimiento que las actividades criminales o ilegales tienen crecientes impactos sobre el ambiente. Esa problemática no es nueva, ya que desde hace décadas se sabe que existen prácticas ilegales de extracción y comercialización, por ejemplo, de maderas. Pero es posiblemente el continuo avance de la minería ilegal, con todos sus impactos sociales y ambientales, lo que ha obligado a este movimiento. En el plan se reconoce que grupos armados organizados que actúan en la minería ilegal logran ingresos financieros similares a los del narcotráfico, y que esas actividades se expanden en diversas regiones y ya amenazas a los parques nacionales (2).

La minería ilegal de oro la que concentra todas las atenciones, y la gravedad que representa se la reconoce con sinceridad. En el texto del Plan se deja en claro que el gobierno sabe que es la minería ilegal de oro la que domina totalmente a ese sector: el 86% del oro extraído en Colombia proviene de prácticas ilegales. Por lo tanto, todas las discusiones sobre el manejo de la minería empresarial formal de oro se convierten en eufemismos ante la gravedad de esta situación (3). Dicho de otro modo, Colombia es esencialmente un país de minería de oro ilegal, y los sectores legales son minoritarios. Considerando todo el sector minero, se admite que posiblemente el 13% del PBI minero provenga del tráfico ilegal. El plan también admite que en el 44% de los municipios del país se realiza minería ilegal de oro, carbón o algún otro mineral, dejando en claro la enorme penetración territorial de este flagelo. A su vez, los grupos ilegales que operan en ese tipo de minería están a su vez en muchos casos involucrados en cultivos ilícitos, tráfico de maderas, etc.

El plan propone atacar “estructuralmente” la explotación y comercialización ilícita de minerales, entre varias otras metas, para promover el tránsito hacia prácticas legales. Se anuncian desde posibles reformas normativas a planes de apoyo local. Entre ellas, por ejemplo, promover la participación del sector privado en la lucha contra la minería ilegal a lo largo de la cadena de comercialización.

Entre esos instrumentos, uno de los más preocupantes es la formalización de un ordenamiento territorial a gran escala con las llamadas “Zonas Estratégicas de Intervención Integral (ZEII), para aquellas regiones que son importantes tanto por temas de seguridad como por la protección ambiental. Esas zonas serán “intervenidas” por lo menos durante cinco años con la intención, según la letra del plan, de fortalecer el Estado en ellas, dando servicios sociales y protegiendo a la población civil. Esto incluye aspectos compartibles, tales como reemplazar economías ilegales por otras que sean legales. Pero a la vez deja en claro que en esas zonas el Ministerio de Defensa determinará la estrategia de intervención militar y policial, y que serán complementadas con “ingenieros militares” y “empresas del sector”. Esos extremos están repletos tanto de riesgos, que vienen siendo discutidos desde el pasado año, como de intentos similares que en muchos casos terminaron en un cóctel de más violencia contra las comunidades locales y ninguna salida económica viable. Como parte de ese control territorial, en el plan se insiste en planes de desarrollo local que más o menos reproducen estrategias conocidas, cuando en realidad lo que se necesitan son alternativas al desarrollo.

Se postula una cierta reorganización institucional para todos estos fines. Se reorganiza el Consejo de Seguridad Nacional para incorporar al Ministerio del Ambiente, y la temática ambiental deberá estar incluir en una Estrategia de Seguridad Nacional, y posiblemente también en la Estrategia Nacional de Inteligencia.

Esa ampliación de los servicios de inteligencia sobre la temática ambiental no es menor. Un examen de situaciones similares en países vecinos muestra que, por ejemplo en Ecuador, eso desembocó en espionaje y control sobre organizaciones ambientalistas, y en Argentina, en un programa de seguimiento de líderes locales (el conocido “proyecto X” del gobierno Kirchner que espiaba a más de mil organizaciones ciudadanas; 3). En esos países prevaleció el control político y social sobre los ciudadanos antes que la protección de la Naturaleza.

Estas medidas, analizadas en forma preliminar aquí, así como otras que aparecen en otros capítulos del plan de desarrollo, no generan ninguna certeza en terminar con la problemática ambiental del país. Se construye una estrategia de militarización que tiene por finalidad controlar a los recursos naturales, los territorios y a sus poblaciones, donde el primer propósito que se insinúa es en realidad suplantar los emprendimientos ilegales por otros que serían legales, o al menos no tan ilegales — ya que nada parece indicar que mejorarán las irregularidades en evaluaciones de impacto ambiental, zonificación, control del funcionamiento, participación ciudadanía, información pública.

Dicho de forma muy esquemática, no está en juego el problema mayor que es la minería de oro, con todos sus impactos sociales y ambientales, sino que se busca reemplazarla por una minería en manos de actores empresariales formalizados y reconocidos por el Estado. De ese modo el Estado, y los agrupamientos políticos que cobijan, podrán decidir quién accederá a esa minería, cuánto se cobrará en impuestos, etc. O incluso para aquellos que son escépticos dados los niveles de corrupción incluso dentro del Estado, se podría argumentar que se reemplazarán unos entramados ilegales por otros (4). Es por ello que son tantas las cosas que pueden salir más con esta estrategia.

Esta estrategia de seguridad podría ser interpretada como una pelea por quienes controlan los excedentes económicos de la explotación de los recursos naturales. No es una disputa sobre cómo proteger a la Naturaleza o a las comunidades. Es más, otras medidas dentro del Plan así como otras iniciativas del gobierno muestran una intención de liberalizar todavía más la minería, por ejemplo.

Algunos argumentarán que la militarización de la gestión ambiental comenzó realmente con el accionar de las guerrillas y otros grupos armados, y que el gobierno no tiene más remedio que reaccionar ante ellas. Hay mucho de verdad en ello y es comprensible. Incluso habrá actores locales que reclaman esa seguridad ante las amenazas y violencia que sufren, y esto también es entendible. Pero aceptar esto en un plan de desarrollo es incorporar una lógica de la guerra también en la política ambiental. El riesgo aquí es que un gobierno finalmente termine razonando y actuando como los grupos armados, y entiende que la única solución esté centrada en ese campo. Eso no es nuevo, y en esos enfrentamientos quedan atrapadas las comunidades locales.

Es ingenuo pensar que la protección del ambiente se ganará con pelotones de soldados y policías. Más ingenuo es pensar que con ello se podrá abordar el drama de la minería de oro: ¿pondrán un soldado detrás de cada recodo de cada río? ¿un policía detrás de cada árbol?

El caso del oro es posiblemente uno de los más sencillos para encaminar una alternativa post-extractivista. El país debe implementar una moratoria a la exportación de oro de cualquier origen. No tiene sentido persistir en esas prácticas que, por un lado, no atienden ninguna necesidad vital contemporánea (aproximadamente el 90% del oro se utiliza con fines suntuarios o superfluos como joyas), y que deja en el país un daño ecológico y social enorme. El dinero que se utilizaría en toda esas prácticas de seguridad y militarización, debería ser encaminado en alternativas productivas para las comunidades locales atrapadas en esas prácticas. A su vez, el dinero que se ahorraría en los costos económicos de esos impactos también debería ser orientado a una reconversión productiva (5).

Esta propuesta de seguridad y militarización termina debilitando aún más la “política” en cualquier “política ambiental”. En lugar de promover el debate de ideas, la participación ciudadana y la democratización en la toma de decisiones sobre los aprovechamientos de la Naturaleza, se apuesta a controles militarizados sobre los territorios y las personas, manteniéndose la esencia del papel de Colombia como proveedora de materias primas para la globalización. Es en tod esto que existen enormes riesgos que deberían ser analizados en detalle.

Notas

(1) En el Plan se dice: “Es necesario adoptar una visión multidimensional de la seguridad que implique la comprensión de las amenazas al Estado y a la población como fenómenos articulados que tienen incidencia en los campos económico, político, social y medioambiental y, por tanto, es necesario generar respuestas articuladas de Estado para enfrentarlas. El agua, la biodiversidad y el medio ambiente son el interés nacional principal y prevalente desde la óptica de la seguridad nacional y un activo estratégico del país, en un contexto de futura escasez y de eventuales conflictos por su control.”

(2) El Plan lo dice claramente: “es notoria la progresiva participación de Grupos Armados Organizados en la extracción ilícita de minerales y su posterior comercialización, actividades que generan ingresos similares a los producidos por el narcotráfico y que, al igual que los cultivos de coca, son los factores principales de daño a los recursos hídricos, los parques naturales, los páramos y, en general, a los recursos naturales del país, los cuales representan en su conjunto el más importante activo estratégico de la Nación. La consecuencia es el fortalecimiento de esas organizaciones criminales, la dificultad de garantizar la seguridad y la convivencia en las zonas afectadas, la degradación acelerada del medio ambiente y la creación de condiciones que propician la prolongación indefinida de la violencia y la criminalidad e, incluso, su agravamiento”.

(3) En el Plan se indica que el “86% [de las toneladas de oro producidas en Colombia] fue extraído a partir de las operaciones de mineros artesanales, explotadores informales y organizaciones al margen de la ley (Dirección Nacional de Inteligencia, 2018). En correspondencia con lo anterior, un estudio realizado por la Defensoría del Pueblo (2010) indicó que en el 44% de los municipios del país existe explotación ilegal de carbón, oro u otro mineral. Así mismo, durante la elaboración del Censo Minero Departamental, se identificaron 14.357 unidades de producción minera, de las cuales tan solo el 37% tienen título minero; mientras que el 63% no lo tienen”. Se agrega que “ la cifra resultante asociada a los ingresos criminales por explotación ilegal de yacimientos mineros podría aproximarse a los $10 billones, lo que representó el 13% del PIB Minero en el año 2012 …”.

(3) Proyecto X: Cómo espió la Gendarmería a más de mil organizaciones, Clarín, 10 marzo 2013, https://www.clarin.com/home/espio-gendarmeria-mil-organizaciones_0_SkFWsScsvQl.html

(4) Sobre el flagelo de la corrupción, siguen vigentes todas las alertas. Por ejemplo, ante este plan de desarrollo, Salomón Kalmanovitz indica que en el “pacto por la legalidad se enuncia que habrá cero tolerancia para los corruptos. Ojalá fuera cierto porque la corrupción endémica causa la pérdida o el desvío de parte importante de los pocos recursos que logra acopiar el Estado”. ¿Cuál plan de desarrollo”, S. Kalmanovitz, 14 enbero 2018, https://www.elespectador.com/opinion/cual-plan-de-desarrollo-columna-833817

(5) Sobre la moratoria de la minería de oro ver la entrevista en El Espectador, en: https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/no-tiene-sentido-seguir-sacando-oro-eduardo-gudynas-articulo-789751
Estas y otras medidas son parte de las llamadas transiciones post-extractivistas; se analizan en detalle para distintos países en varios documentos disponibles en www.transiciones.org

El autor es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Su último libro publicado en Colombia es “Extactivismos y Corrupción”, editado por Desde Abajo.

Publicado en: http://blogs.elespectador.com/actualidad/embrollo-del-desarrollo/se-militariza-la-gestion-ambiental-territorial?

Santa Lucía: crónicas de una muerte encubierta (II parte)

Arliz Plasencia Fernández

GUARDABOSQUES – A nuestra llegada, Santa Lucía no nos sorprende. Ubicado en la occidental provincia de Pinar del Río, se trata del típico asentamiento aislado, con calles y aceras destruidas, comercios en mal estado, tranquilidad en la superficie, pero con la lucha diaria por la sobrevivencia de sus habitantes.

santa-lucia-(44)Uno de los entrevistados, que rondaba los 50 años, tuvo a bien contar a GUARDABOSQUES algunas de sus experiencias con la mina Castellanos en relación a las fuentes de agua, pues la explotación está a apenas unos dos kilómetros del pueblo.

Así supimos que existen dos pozos aledaños a la mina, contaminados con agua salada. No obstante, “la gente se abastece de esos mismos”, nos asegura una de nuestras fuentes. Actualmente funcionan otros dos pozos, uno de ellos en el centro del pueblo, que apenas permite un ciclo de abasto de agua cada 14 o 20 días.

Por su parte, una amable pobladora de 32 años, consideró que “en 5 ó 6 años aquí no va a haber quien viva, por la mina. La carretera esta desbaratada. Ya hay dos pozos contaminados. En las minas han estado hasta 45 días sin agua”.

Llama la atención que, pese a la diferencia de edades entre una y otro poblador, ambos coinciden en ver la mina más como un problema que como una solución.

El proyecto de Castellanos trabaja con una tecnología totalmente húmeda, por lo que consume gran cantidad de líquido que traen de la lejana presa Nombre de Dios. Para ello se construyeron dos conductoras de 16 Km cada una.

emincar-6Otra de las personas entrevistadas consideraba que la mina a cielo abierto es más dañina, aunque no hayan ocurrido accidentes. “Mucha gente ha cogido plomo”, nos dice, y refiere un “levantamiento” realizado tiempo atrás, donde resultó que “todos los que trabajaban en la mina tenían plomo en sangre y en las vías respiratorias”. El entrevistado cuenta a GUARDABOSQUES que muchos se hacen chequeos médicos en el hospital CIMEQ de la capital cubana.

“Lo que pasa es que esa mina se empezó a explotar, pero no se exigía a los trabajadores que usaran los medios de protección y cuando vinieron a darse cuenta, la gente tenía fatigas, fiebre, esto, aquello”.

En ese sentido parece que la situación ha mejorado, dado que “ahora, si no entras con todo el equipamiento, no puedes trabajar”, opina esta fuente.

emincar-9.jpgUn revelador dato obtenido a través de un reciente estudio publicado en diciembre de 2017 (1) por un grupo de prestigiosas instituciones cubanas tales como el CITMA, ECOVIDA y GEOMINSAL, nos alerta respecto a que la explotación del citado yacimiento acontece en momentos en que existía una legislación ambiental incipiente, lo que imposibilitó la evaluación y manejo de impactos para este tipo de proceso industrial. Ello generó, por tanto, toda una serie de impactos ambientales negativos en el territorio.

“En la región no se ejecutaron proyectos de recuperación efectivos para mitigar los impactos de las actividades minero–metalúrgicas. Se realiza un inadecuado manejo de los pasivos mineros derivados de las actividades productivas. Las evaluaciones técnicas realizadas no son integrales, lo que limita el alcance de las medidas de mitigación y monitoreo diseñadas. Los procesos de evaluación de impacto ambiental realizados no complementan la solución de los problemas ambientales de la actividad en la región”.

santa-lucia-(11)Resulta muy favorable que existan investigaciones científicas del tipo de las citadas. Sin embargo, las ciencias en Cuba adolecen de mecanismos para llevar la información a quienes no forman parte de los circuitos académicos.

Buena parte de los contenidos están expresados y desarrollados de un modo que solo atañe y resulta comprensible a los especialistas. Sin embargo, los aspectos que afectan a los protagonistas y/o afectados en las realidades investigadas, deben ser trasladadas al dominio público de manera clara.

Mientras esto no ocurra, en Cuba las poblaciones vulnerables continuarán desinformadas, sin percepción de riesgo, indefensas, e incapaces de enfrentar las problemáticas que les aquejan.

(Parte 2 de 4)

Referencias

  • Damaris Gallardo-Martínez, Noel Bruguera-Amarán et al (2017). “Evaluación geoambiental para la mitigación de los impactos provocados por elementos contaminantes originados por la actividad minera metalúrgica en Santa Lucía, Pinar del Río, Cuba”, ISSN. 2076-281X, ECOVIDA Vol.7 No.2

Santa Lucía: crónicas de una muerte encubierta (I parte)

Arliz Plasencia Fernández

GUARDABOSQUES – En agosto pasado activistas de GUARDABOSQUES quisimos llegar a Santa Lucía, en el pinareño municipio de Minas de Matahambre (nombre bastante ilustrativo de parte de su historia), y conocer desde la voz de sus pobladores la realidad de esta localidad tan vinculada al yacimiento Castellanos.

Minas de Matahambre se ubica hacia el noroeste de la provincia Pinar del Rio, y posee costas al norte hacia el Golfo de México. Es un municipio básicamente montañoso, formado por 3 núcleos urbanos y 11 asentamiento urbanos rurales.

La Mina Matahambre es una de las explotaciones más profundas de América, alcanzando los 1553 metros. Durante más de 75 años este depósito estuvo en explotación continua para la obtención de un concentrado de cobre al 30 %. En la actualidad esta mina está inactiva.

En Cuba la minería a cielo abierto, como en cualquier otra nación del mundo, acarrea toda una serie de graves consecuencias ecológicas, generando desastres más visibles, irreversibles y a mayor escala que otro tipo de extractivismo (cada uno con sus negatividades, convengamos).

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Castellanos

Aun cuando las poblaciones son víctimas, tanto desde una óptica biológica como a nivel de relaciones y procesos sociales, la realidad social que subyace en nuestro país difiere de la que acontece en otros enclaves, donde se producen serios enfrentamientos entre las poblaciones afectadas y la mega industria.

Esta particular diferencia hace aún más peligrosa la minería y sitúa en una posición de mayor vulnerabilidad a aquellos que directa o indirectamente cuentan con una mina como parte de su paisaje de vida.

Por eso quisimos llegar a la localidad más cercana de la mina Castellanos, aunque acceder no fue fácil. Debido a las condiciones deplorares de la carretera que conduce al poblado los ómnibus nacionales solo llegan hasta la comunidad de Pons, todavía a una hora de viaje de nuestro destino final.

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Carretera de Santa Lucía

Allí debimos abordar un camión devenido ómnibus, con unos 20 asientos, transporte local donde los pobladores se trasladan a sus labores y gestiones cotidianas, muchas de ellas en la capital provincial, a más de dos horas de viaje. La mayoría de los pasajeros deben ir de pie en el ómnibus, día tras día.

Así se nos rebelaba la primera contradicción entre los supuestos beneficios que la industria minera debiera generar en el enclave donde se ubica y lo que en realidad acontece.

“De Matanzas para acá yo no he visto ningún pueblo así, ninguno… porque Alquízar y Artemisa, eso está enfangado, pero las carreteras son autopistas, y aquí que nosotros estamos en un pueblo que hay una mina que está dando millones y millones de pesos, no hay ni una carretera”, nos comenta uno de los pasajeros que viaja a nuestro lado.

Avanzamos cerca de una hora por la angosta y serpenteante carretera que separa a Pons de Santa Lucía. A ambos lados del camino los pinos, cual guardianes que resisten la hostilidad de un suelo empobrecido por el extractivismo, han dado lugar a un impuesto ecosistema de silvicultura con el que se continúa sacando provecho a una tierra demasiado herida.

Recordamos entonces al Ingeniero de montes y naturalista español Luis Ceballos que, en el Plan General de Repoblación de España, realizado en 1938, planteaba: “Estoy contra el desmedido afán de industrializar los montes creando extensas masas y coetáneas de coníferas en estado regresivo. El bosque está muy lejos de ser una masa regular y compacta de árboles iguales, monótona y amorfa como puede serlo un campo de trigo; el bosque es una población vegetal pero no un ejército de árboles”.

Pero estudios actuales, como la evaluación geoambiental publicada en 2017 por el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) (1), confirman la visión adelantada del ingeniero español al poner de relieve problemáticas tales como la deforestación, la contaminación de las aguas y del aire, y con ello la destrucción del hábitat de especies propias de dichos ecosistemas.

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Poblado de Santa Lucía. Pinar del Río

El sector minero es considerado el mayor contaminante de las aguas superficiales y subterráneas. Específicamente en el caso de la Mina Castellanos, “existen pasivos minero-metalúrgicos que facilitan la contaminación de las aguas terrestresque a su vez vinculan a ecosistemas frágiles como la zona costera, empeorando la situación ambiental que presenta la región de estudio”, según el estudio.

Mirando ese paisaje fue que llegamos a Santa Lucía –un humilde poblado sin las mejoras estructurales que prometen siempre estos proyectos de desarrollo–, listos para comenzar a indagar entre su gente acerca de la actividad minera en Castellanos, sus impactos y beneficios.

(Parte 1 de 4)

Referencias

  • Damaris Gallardo-Martínez, Noel Bruguera-Amarán et al (2017). “Evaluación geoambiental para la mitigación de los impactos provocados por elementos contaminantes originados por la actividad minera metalúrgica en Santa Lucía, Pinar del Río, Cuba”, ISSN. 2076-281X, ECOVIDA Vol.7 No.2

La crisis venezolana y la otra crisis: petróleo, cambio climático y transformación civilizatoria

Francisco Javier Velasco Páez

Observatorio de Ecología Política de Venezuela


Venezuela, símbolo de modernidad petrolera y urbana en la periferia durante varias décadas de la segunda mitad del siglo XX, nación a la que el gobierno republicano de Eisenhower se refiriera como el modelo a seguir por América Latina, acapara la atención mundial como nunca antes después de casi un lustro de deterioro continuo. Al  descalabro económico sin precedentes de nuestro país se asocian la hiperinflación, el desmoronamiento de la industria petrolera, la caída estrepitosa y extraordinaria  del PIB, el aumento vertiginoso de la pobreza, el colapso de los servicios públicos, el resurgimiento de endemias dadas por desaparecidas, penurias de todo tipo que han forzado la emigración de millones de ciudadanos  y una aguda y peligrosa crisis sociopolítica con un doble poder a la cabeza del Estado, cuya salida luce aún incierta y riesgosa en el marco de  continuas protestas de diversos sectores, masivas movilizaciones, represión con saldo de decenas de muertos y numerosos heridos, denuncias de sabotaje y de corrupción escandalosa,  enconados debates mediáticos, una crispación creciente de los ánimos, perturbadores muestras de anomia social y amenazas de invasión militar.  Los sucesos de las últimas semanas cristalizan además tensiones geopolíticas mayores que derivan de la participación activa de las grandes potencias mundiales en el conflicto.

En un ambiente en el que los contrincantes hacen esfuerzos por repolarizar el escenario político, muchos atribuyen la crisis al gobierno de Nicolás Maduro, resultado del legado de Hugo Chávez y su fracasado ensayo de socialismo del siglo XXI, con su secuela de corrupción, desconocimiento de la normativa constitucional, violación de derechos humanos y desastre económico, incluyendo la influencia de los intereses económicos y estratégicos de la China de Xi Xinping, y la Rusia de Vladimir Putin. Otros, a una sostenida guerra económica emprendida por sectores adversos al gobierno que cuentan con el poderoso apoyo de la administración de Donald Trump, la cual mantiene una relación de continuidad con la tradicional injerencia imperial de los Estados Unidos en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Cada grupo esgrime una parte de lo que pudiéramos llamar la “verdad”, pero son sólo dos partes que de ninguna manera completan el todo integrado en la medida en que, en algunos casos a conciencia y en otros muchos sin saberlo, dejan de lado el hecho de que el conflicto corresponde a una disputa de fondo entre factores y grupos nacionales e internacionales por ocupar un lugar preminente en un mismo sistema de control y dominación que expolia a la Naturaleza y degenera a los humanos. Pareciera aquí que las circunstancias históricas se conjugan para ocultar el verdadero y fundamental rostro de lo que está en juego, lo que lleva a diversos interpretadores al simplismo, el lugar común, el error y el estancamiento sin perspectivas de salida. Inmersos en una realidad compleja, surcada por velos, espejismos y potes de humo, quienes pretenden explicar se topan muchas veces con los árboles que no dejan ver el bosque, sin capacidad de vislumbrar el panorama de conflicto más allá del dramatismo de los acontecimientos cotidianos que tienen amplio eco en los medios de comunicación y el vociferante debate partisano. Esa dificultad resulta en gran medida de la propia realidad, de la imprecisión de muchos hechos, de la forma imprevista en la que se producen y las peculiaridades de la situación histórica; con un peso aún mayor agregamos la inadecuación de los sistemas interpretativos y los límites de la racionalidad que orienta reflexiones y acciones. También convergen en este conjunto falsedades y equivocaciones que se regodean de modo diverso y cambiante en la ilusión, el engaño y el autoengaño derivados de posturas ideológicas sectarias, reductoras y en franco proceso de obsolescencia ante el desmoronamiento de ideas que se tenían por permanentes. Nuestra historia y la historia universal, para nada lineales y homogéneas, están llenas de paradojas y “argucias”. Entre la perplejidad y la entrega, entre la confusión y la conciliación, muchos desorientados de buena fe, otros con beneficios e intereses mezquinos estrechamente ligados a las alianzas que defienden, participan en una dinámica que lleva a los llamados tiranos de ayer a convertirse en los liberadores de hoy, que hace que los que se presentaban como los paladines de la justicia social en el pasado se conviertan  en los opresores del presente, todo un juego histórico de intercambio de roles que se adecúa y muta  en función de la perpetuación de las jerarquías, el sometimiento, las desigualdades y la explotación. Se requiere entonces de visiones con mayores pretensiones de totalidad, integración y flexibilidad para entender comprehensivamente un conflicto en el que dos partes confrontadas en un plano aparecen en otro de mayor trascendencia como aspectos de una misma realidad, dos caras de la misma moneda.

Ahora bien, el esfuerzo para obtener una mayor coherencia en el entendimiento de la situación debe en nuestra opinión llevarnos a ubicarnos en un contexto de mayor alcance y significación, más allá de las especificidades de la situación venezolana. No pretendemos con ello obviar la constelación de angustias, incertidumbres y sufrimientos que afectan inmisericordemente a los millones de hombres y mujeres que hacen vida en nuestro país, ni tampoco menospreciar el carácter y sentido de las dinámicas internas,  pero si creemos en la necesidad de entender su significado en el marco de otra crisis más profunda y extensa, crisis civilizatoria de alcance planetario que abarca múltiples aspectos y dimensiones, y que incluye como un componente central a una galopante crisis ecológica. Esta última se manifiesta a través de innumerables impactos, efectos perversos y desastrosos que inciden en una continua y acelerada simplificación y desnaturalización de la trama de la vida global. Conviene aclarar aquí que no buscamos entender la crisis venezolana contemporánea como una determinación mecánica de la crisis global pero si ubicarla en un entramado de relaciones en las que ella ilustra, revela y refleja problemas, y consecuencias de alcance global que tienen que ver, entre otros aspectos, con el rol desempeñado por el petróleo en nuestra configuración económica, societal y nuestras circunstancias ecológicas.

Con las mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela es un arquetipo de petroestado fallido en el que distintos factores han incidido durante cerca de un siglo para configurar una realidad estatal y social cuyo ingreso depende fundamentalmente de la exportación de petróleo, con un poder económico y político altamente concentrado en una élite minoritaria e instituciones que se mueven al vaivén de  la discrecionalidad, la corrupción y el inmediatismo en un trecho temporal marcado por abruptas alzas y declives de la renta  petrolera. Incapaces de sortear la lógica cortoplacista y de entender las complejidades económicas, políticas, sociales, culturales y biofísicas de la industria petrolera,  distintos gobiernos, dictatoriales, de democracia representativa, neoliberales, populistas con pretensiones socialistas, mediatizados por un vínculo de dependencia que los ha atado siempre al orden mundial dominante, fundaron sus expectativas y propósitos particulares en la causa  común de perpetuar el extractivismo sin tomar en cuenta sus propias dinámicas y transformaciones a escala local  y global. Con una producción en declive desde hace más de 20 años, sin haberse recuperado del todo de la crisis de la deuda de los años 80 del siglo XX, afectada por la llamada “enfermedad holandesa” estructuralmente asociada a su economía, sin estar preparada en materia de infraestructura e inversiones, Venezuela se topó después del período de altos precios del petróleo 2005-2008, con un creciente desplazamiento internacional hacia formas no convencionales de petróleo y gas que se hizo más patente después del colapso de los precios en 2014 y que llevó al país a una situación de extrema debilidad e insuficiencia que le impedían colocar el petróleo pesado de sus vastas reservas (de explotación y transporte más difícil y costosos) en el mercado. Pero esto no esto todo, el asunto petrolero se sitúa en el centro de la crisis ecológica que tiene en el cambio climático una de sus principales y más catastróficas expresiones. Comprender la crisis climática requiere una visión sistémica de la centralidad de la combustión de fuentes de energía fósil, causa fundamental de ese fenómeno, para la emergencia y la resiliencia constante del capitalismo. De hecho, el capitalismo en su versión contemporánea es prácticamente inimaginable sin el crecimiento exponencial del uso de la energía –y los vastos reemplazos de la energía por el trabajo– que los combustibles fósiles (el carbón, el petróleo y el gas) han hecho posible. Hace poco hemos visto confirmadas una vez más las predicciones de fenómenos climáticos extremos como el vórtex polar que afectó a buena parte de los Estados Unidos y las elevadas temperaturas registradas simultáneamente en Australia que causaron pavorosos incendios. Ya es un hecho el derretimiento progresivo del Ártico y la desaparición acelerada de glaciares en distintas partes del planeta. A esto se suman un conjunto de muchos otros impactos problemáticos y sistémicos del cambio climático actualmente en curso.

Por su parte Venezuela, se ha visto notablemente afectada por el creciente caos climático, lo que ha incidido en la aceleración de la espiral de su específico y hasta ahora incontenible colapso económico, social y político. Siendo Venezuela un país que genera más de un 60% de su electricidad a partir del agua contenida en represas, su provisión de energía hidroeléctrica resulta cada vez más vulnerable ante las sequías inducidas por el cambio climático. Recordemos que en 2016 el nivel de las aguas en la represa del Guri, infraestructura energética de carácter estratégico, alcanzó mínimos históricos. Más recientemente, en el mes de marzo del año pasado, el gobierno presidido por Nicolás Maduro se vio obligado a imponer un estricto racionamiento del consumo eléctrico en seis estados del occidente del país, dado que el nivel del agua en reservorios claves para la generación de electricidad había descendido drásticamente. En este sentido, investigaciones rigurosas han demostrado que Venezuela está expuesta a las oscilaciones cada vez más frecuentes e intensas del fenómeno El Niño, que es la mayor fluctuación del sistema climático de la Tierra. Entre 2013 y 2016 la intensificación de El Niño trajo como consecuencia una importante disminución de las lluvias y un severo déficit de agua en 2015 que dio pie a la peor sequía experimentada en casi cincuenta años, afectando con mucha fuerza a su red eléctrica, obsoleta y con un pésimo mantenimiento, lo que a su vez se tradujo en frecuentes y prolongados apagones. Según pronósticos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático esta situación tiende al deterioro y, de mantenerse el estado actual de cosas, va a impactar significativamente en el futuro a extensas zonas del occidente y el oriente de Venezuela, provocando entre otras calamidades una mayor disminución de la pluviosidad, una devastación en los cultivos de rubros tales como maíz, caraotas y plátanos en todo el territorio, y mayor cantidad de apagones en el sistema eléctrico. No podemos dejar de mencionar los efectos climáticos que ya está generando la actividad minera en la Amazonia venezolana y en otras zonas del país y, especialmente, los que ocasionará el megaproyecto del Arco Minero del Orinoco, con el cual se busca diversificar y, por lo tanto, ampliar la base económica y societal extractivista. Ante este dramático panorama, aferrándose al modelo petrolero con anuncios de incremento de la producción y manteniendo el patrón de consumo energético interno, en gran medida dependiente de la matriz conformada en torno a los combustibles fósiles, nos encontramos con que es casi nulo lo que el Estado ha llevado a cabo y se propone realizar en materia de previsión y acción para hacer frente al cambio climático.

De manera pues que resulta indispensable emplazarnos en otros niveles de análisis a la hora de abordar la explicación, los efectos y las posibles soluciones  de la crisis que ferozmente nos acomete en estos momentos. Esto supone deslastrarnos de una engañosa polarización que, aunque real, aguda y hasta violenta en un sentido, puede terminar en otro conduciendo a una transición pactada entre “caballeros” de una misma cofradía (vale a traer aquí a colación la famosa pregunta del genial actor cómico mexicano Mario Moreno, mejor conocido como Cantinflas: ¿Como caballeros o como lo que somos?), dejando como siempre a un lado al pueblo en toda su diversidad. Esta consideración vale también para lo que pudiera ocurrir en el ámbito del ajedrez geopolítico. Baste rememorar los acontecimientos que involucraron a Venezuela en 1902, año en el que, para forzar el cobro de una deuda externa, diversas potenciales imperiales europeas se aliaron para bloquear y bombardear nuestros puertos. No resulta descabellado pensar que, eventualmente, los rivales que representan los Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia, podrían conformar una coalición similar en aras de “la seguridad y la estabilidad global”.

Las circunstancias históricas excepcionales que vivimos domésticamente nos obligan adicionalmente a trasformar de raíz nuestros modos hegemónicos de vida, el haz de relaciones socioecológicas tejidas en torno al petróleo. No obstante,  como  lo que ocurre en Venezuela es de cierta manera reflejo de situaciones presentes en otras partes y a la vez muestra lo que también pudiera sucederle a otros petroestados, pero también en un sentido más amplio y con matices diferenciados al resto del mundo, conviene embarcarnos también en la tarea universal de superar los legados de jerarquía social y dominación a escala global, sustituyéndolos creativamente, en un marco de diversidad,  por alternativas, estructuras y  modos que propicien la construcción de un mundo socialmente y ecológicamente más armonioso, para que la humanidad en su conjunto y la Tierra continúen  existiendo en mejores y más fecundas condiciones.

Imagen de portada: Mongabay (Derrame petrolero en Guarapiche, 2012)

Publicado en: http://www.ecopoliticavenezuela.org/2019/02/12/la-crisis-venezolana-la-otra-crisis-petroleo-cambio-climatico-transformacion-civilizatoria/

Brasil eliminó 11 nuevas áreas protegidas de la Amazonía

El Congreso de Brasil logró eliminar 11 nuevas áreas protegidas en el estado amazónico de Rondonia que abarcaban 600.000 hectáreas de bosque. Ayer, el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se posesionó.

Agência Amazônia Real

 

Las preocupaciones de los ambientalistas por la reciente posesión del presidente brasilero de extrema derecha, Jair Bolsonaro, se hacen realidad poco a poco.

En septiembre del año pasado, tras solo una hora de debate, los diputados de la bancada ruralista del Congreso de Brasil eliminaron 11 áreas protegidas que abarcaban 600.000 hectáreas de bosque, el 3% de este estado, uno de los más extensos del país suramericano.

A pesar del breve tiempo de discusión, la aprobación de este proyecto que esa misma tarde se convirtió en ley –apunta Mongabay– fue el resultado de seis meses de discusiones entre la bancada ruralista, la Asamblea Legislativa y el gobierno estatal (que es de corte conservacionista).

Cabe recordar que la bancada “ruralista” tiene 261 miembros en el Congreso que el día de ayer anunciaron su apoyo al recién posesionado Jair Bolsonaro. Los ruralistas son conocidos por ser el grupo de presión de la agroindustria en Brasil, y por oponerse históricamente a la realización de una reforma agraria. En 2017 sin embargo, la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) y el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA), lograron probar un informe que denunciaba crímenes cometidos por 67 personas en procesos demarcatorios, incluyendo indígenas, antropólogos, servidores y miembros de organizaciones no gubernamentales (ONG). (Así fue la posesión de Bolsonaro)

De acuerdo con Mongabay Latinoamérica, en marzo del año pasado, el Gobierno central creó esas 11 áreas protegidas que protegían entre otras, zonas claves para la cuenca amazónica como Río Pardo o Río Machado. Ante la posible firma del decreto, la bancada ruralista reaccionó y logró introducir una enmienda constitucional que exigía que antes de la creación de un área protegida, se consultara a la Asamblea (algo equiparable a una Asamblea Departamental en Colombia). La enmienda fue aprobada el mismo día en que se decretaron las 11 áreas protegidas. (Ambientalistas temen por el futuro de la Amazonía en un posible gobierno de Bolsonaro).

Según explica el medio ambiental, para resolver esa encrucijada, el gobierno estatal resolvió eliminar el área protegida Estación Ecológica Soldado del Caucho, de 178.948 hectáreas, a cambio de que esta bancada ayudara a aprobar una ley para resolver problemas fiscales en Brasil. El problema es que, en el trámite de eliminación de esa área protegida, cayeron las 11 nuevas áreas.

Mauricio Voivodic, director ejecutivo de WWF-Brasil dijo a Mongabay que “la decisión no ha sido debatida con la sociedad. Es fundamental mantener esas unidades de conservación. Si se va el bosque, se van con él todos los servicios ambientales de los cuales depende la humanidad”.

La superficie de la selva amazónica se ha reducido de un 20%, desde que se inició la deforestación en el año 1970, según el Center for International Forestry Research (CIFOR).

Publicado en: https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/brasil-elimino-11-nuevas-areas-protegidas-de-la-amazonia-articulo-831976

Epifanía e insurrección (III)

Meditación ambientalista en la playa La Concha de Marianao

Marcelo “Liberato” Salinas

En una actuación colectiva cuya lógica parece un acto de linchamiento sin sujeto visible a sacrificar, cada verano la playa La Concha es violada, macerada, exprimida. En síntesis: es consumida en un ritual al que deben sumarse todos los que se precien de ser normales, como todo buen acto de linchamiento exige a sus concurrentes.

Esto ocurre sin que aun tengamos en Cuba las condiciones materiales que caracterizan a una sociedad de consumo típica, lo cual podría garantizarse en un par de días con el levantamiento del bloqueo yanqui.

En disímiles lugares de La Habana se percibe que Cuba se ha ido convirtiendo en una de esas sociedades de consumo ideales, no porque sean perfectas sino porque demuestran cómo la fuerza de la ideación, el puro deseo del consumismo, sin leyes arregladas para ello, ni instituciones de crédito, ni maquinaria de propaganda global; ha ido creando todas las condiciones para su segura reproducción ampliada en los corazones de las antiguas “masas populares”.

Playa Concha Habana 3aDetrás de este deseo que ha ido construyendo su propia materialidad, se encuentra una sociedad viviendo decenios de un subconsumo masivo involuntario.

Hemos creado nuestra cultura del rebusque y el reciclaje, factor fundamental que atenuó el colapso energético de los años 90 y la hecatombe social derivada. Se trata de todo un patrimonio inmaterial que hoy está a merced de la agonía de esa comunidad imaginada revolucionaria de 1959.

Extraviada y castrada en su capacidad de reencarnación espiritual, esa sociedad deja morir en el sinsentido a la “propiedad social”, una figura jurídica imprecisa pero cargada de potencialidades fraternales, de la que hoy muy pocos quieren hablar seriamente.

La espiral del consumismo que presenciamos es una especie de compensación psicológica ante la miseria material y el desolado paisaje humano dejado por el constante desmantelamiento de toda potencial comunidad que garantice el no predominio del Estado sobre todo y todos.

Un territorio como este es el ambiente adecuado para que proliferen las necesidades programadas para masas –el auténtico contenido y forma del regetón– y no los diversos modos de vidas derivadas de existencias auténticas.

Ante la liquidación espiritual, la sensación de encierro masivo en varias generaciones y la esquizofrenia oficial en curso, las masas han respondido con las bacanales de borracheras que tanto maquillan la tristeza de las autolesiones físicas y mentales.

El colapso sanitario que se percibe cada mañana de verano en la playa La Concha no es sólo un “problema ambiental”, como podría afirmarse desde una sana sensibilidad ambientalista, es también la evidencia material de un modo colectivamente íntimo de dañar el entramado humano constituido.

En un espacio donde lo comunal ha sido reducido a su expresión más primaria, el enemigo a derrotar se convierte en nuestra propia existencia sin sentido y el sujeto opresor pierde toda personalidad reconocible.

Es este ambiente de confuso vacío el que conduce a los llamados a reforzar la gobernabilidad, como si a los gobernantes no les fuera imprescindible ese vacío previo para presentarse como los sacrificados salvadores de una situación crítica.

Ahí ya estamos muy cerca de las condiciones propicias para que, con toda serenidad, ellos decidan reprimir al pueblo en nombre del pueblo. Sin dudas, una desagradable situación que pondrá a la orden del día la urgencia de delinear la silueta de la insurrección contra la normalidad que se dibuja frustrada en el paisaje matutino de la playa en el verano.

Las insurrecciones no las hacen los pueblos preexistentes, sino que los pueblos se constituyen gracias a ellas.

La playa La Concha no sólo merece ser limpiada por esos ajenos trabajadores de limpieza; necesita que nuestras conciencias se sacudan de todos los desechos mentales y materiales con que han llenado nuestras cabezas para convertirnos en esa masa humana anónima y ajena a nuestra propia intimidad, desconectada del devenir de la totalidad inmensa que nos circunda poderosa, en lugares como la playa La Concha de Marianao.

Advierten a parlamentarios cubanos sobre Caracol Gigante Africano

GUARDABOSQUES – El General de División Ramón Pardo Guerra este lunes llamó la atención sobre la presencia del Caracol Gigante Africano, durante la sesión de la Comisión de Salud y Deporte del Parlamento cubano.

El militar aseveró que tras tomar algunas medidas de control “nos pusimos a dormir en referencia a eso”, para después recalcar que “no se puede minimizar a ese caracol”.

Según Trabajadores, la teniente coronal Gloria Martínez abordó riesgos sanitarios en el país, entre los que se encuentra el molusco. Según la información, este se encuentra “extendido ya a las regiones occidental y central” del país, aunque activistas del colectivo independiente El Guardabosques han realizado reportes del mismo en también en la oriental Bayamo durante 2018.

Los ecologistas autónomos supieron de acciones puntuales que realizaban miembros del ejército en el Bosque de La Habana, en las inmediaciones del Clínico de 26, durante que las que recogían miles de ejemplares adultos de esta peligrosa plaga.

No obstante, estas labores han sido insuficientes y cada vez se realizan con menor sistematicidad. Por demás, desde una perspectiva científica, no tiene mucha efectividad hacer colectas de adultos, cuando son millones los minúsculos caracolillos y huevos imposibles de detectar a simple vista.

A pesar de que instituciones cubanas como el Instituto de Medicina Tropial Pedro Kourí, o el Instituto de Sanidad Vegetal conocen el problema y han estudiado la especie, el tema no parece ser una prioridad nacional, sobre todo porque aún no se conocen reportes de seres humanos enfermos ni hay grandes extensiones de cultivos afectados.

El Guardabosques ha recibido cientos de denuncias de ciudadanos, que describen al molusco en casas, instituciones escolares y de salud; sin que les hayan dado orientaciones precisas ni se hayan tomado medidas sanitarias en sus localidades, por parte de las autoridades pertinentes.

En varios municipios desde los policlínicos han orientado a los ciudadanos que individualmente esparzan sal sobre los caracoles, que los coloquen en bolsas plásticas, y los entierren. Las personas alegan que no disponen de medios de protección, ni sal suficiente para un problema tan extendido.

El Caracol Gigante Africano fue introducido en Cuba en 2014. Solo recientemente los medios de prensa oficiales cubanos han comenzado a hacer tímida referencia al tema, aunque sigue siendo evidente la falta de una estrategia nacional de enfrentamiento coherente y sistemática al respecto.

La organización independiente El Guardabosques se ha mantenido llamando la atención sobre el potencial peligro de la plaga, y ha desarrollado acciones de sensibilización comunitaria alrededor del tema.

Epifanía e insurrección (II)

Meditación ambientalista en la playa La Concha de Marianao (II)

Marcelo “Liberato” Salinas

La playa La Concha es hoy una versión degradada de lo que era antes de 1959: un terreno de frontera, una tierra de nadie casi crónica.

El lugar sirvió de señuelo y escenario de coartada para que la Seguridad del Estado atrapara al escritor Reinaldo Arenas, que frecuentaba el lugar en búsqueda de cuerpos masculinos con almas cálidas.

Desde aquellos años 60 hasta hoy, La Concha no ha dejado de ir modelando su esencia salvaje, un paréntesis anárquico en el régimen urbano de la 5ta Avenida.

Allí, la precaria existencia de la administración estatal en verano, con su oferta básica de gastronomía, sus alquileres de tablas de surf remendadas, sus amables salvavidas, sus limpiadores soñolientos, sus rejas –remedo de laberinto griego de alambrón–, que protegen para tiempos imposibles las ruinas florentinas; todo ello convive con el trasiego de personas de todo tipo, escapadas de cualquier clasificación o control de sus movimientos.

En invierno se pueden ver estudiantes en uniforme fugados del régimen de aburrimiento de las escuelas cercanas; amantes ardientes perdidos en el delirio del deseo; quinceañeras con su fotógrafo y sus padres en busca del fugaz exotismo de las ruinas y la playa desierta al atardecer; espirituosos de cualquier edad anhelantes de soledad; veteranos en busca de mar y arena para ejercitar sus cuerpos; personas de sexualidad diversa buscando donde expresarla, santeros en sacrificios de animales, los que dejan a la deriva de la muerte para sus santos marinos.

Más allá, al final de la playa, donde sobrevive milagroso un terreno de manglar, muestran esporádicos sus rostros los que se presiente que son los antiguos forajidos y asaltantes de caminos de las viejas narraciones de La Fontaine, Emilio Salgari o Samuel Feijoo.

Sin embargo, ninguno de ellos de conjunto produce el colapso sanitario que se ve en la pequeña playa La Concha cada verano, cuando arriba la figura por excelencia que nos rodea todo el tiempo y puja por mostrarse dentro de cada uno de nosotros: las masas de consumidores de verano, acompañadas por los vendedores estatales y particulares de comida rápida.

Playa Concha Habana 2bTodos en acción macabramente conjunta, convierten a La Concha en un hervidero de desechos producidos por ese tipo de seres que, como ya definió Ortega y Gasset hace decenios atrás, se sienten como todo el mundo y además no se angustian, peor aún, se sienten a salvo al saberse idénticos a los demás.

(continúa…)

Deforestan parque Fe del Valle

Esther Suárez Durán

En esta tarde he contado nueve árboles talados en el Parque Fe del Valle. Aquí les dejo las imágenes.

No tengo información, así que la pido a quién la tenga.

No sé la razón de esta tala, ¿era necesaria? ¿Por qué, cuál es el plan en este sitio?

¿La población preguntó, se quejó, maldijo, hizo algo…?

A mí me duelen los árboles talados. ¿A ustedes no?

Coca-Cola, Pepsi y Nestlé, firmas que más contaminan los océanos con plástico

Varios niños se duchan junto a un canal repleto de basura en Manila (FIlipinas). EFE/Archivo
Varios niños se duchan junto a un canal repleto de basura en Manila (FIlipinas). EFE/Archivo

Las multinacionales Cola-Cola, Pepsi y Nestlé son las firmas que más contribuyen a la contaminación de los océanos con plásticos de un sólo uso, según un estudio de la iniciativa “Break Free from Plastic”, que ha limpiado las costas de 42 países en todo el mundo.

“El informe demuestra de forma irrefutable el papel de las grandes corporaciones en perpetuar la contaminación mundial de plástico”, señaló el coordinador global del movimiento “Break free from Plastic”, Von Hernandez, en el lanzamiento del estudio hoy en Manila.

Más de 10.000 voluntarios llevaron a cabo ente el 9 y el 15 de septiembre 239 acciones de limpieza de plásticos en costas y otros entornos naturales de 42 países como Filipinas, Tailandia, Vietnam, la India, Indonesia, Australia, Chile, Ecuador, Brasil, México, Estados Unidos, Canadá, Marruecos o España.

En total recogieron más 187.000 piezas de plástico, de las que más del 65 % correspondían a envoltorios de productos de grandes corporaciones mundiales, con Coca-Cola, Pepsi y Nestlé a la cabeza.

Les siguen en el ranking de empresas más contaminantes: Danone, Mondelez, Procter & Gamble, Unilever, Perfetti van Melle, Mars Incorporated y Colgate-Palmolive, todas multinacionales relacionadas con la alimentación, la higiene y los productos del hogar.

“Estas compañías tienen que elegir, pueden ser parte del problema o de la solución. Si se empeñan en seguir utilizando para sus productos envolturas innecesarias de plástico, seguirán alentando su fabricación y por tanto la contaminación”, apuntó Hernandez en declaraciones a Efe.

Alrededor de las 100.000 piezas o porciones de plástico recolectadas eran de materiales que son imposible o muy difíciles de reciclar, como el poliestireno, el PVC (cloruro de polivinilo), PET (tereftalato de polietileno) -usado sobre todo en botellas- o el filme de plástico de un sólo uso.

En la actualidad, la producción de plástico ha alcanzado los 320 millones de toneladas métricas al año y en la próxima década está previsto que crezca en un 40 %, lo que aumentará exponencialmente la liberación de gases invernadero, ya que el 90 % de los plásticos se producen a partir de energías fósiles y contaminantes.

“Debemos exigir a las corporaciones detrás de estas marcas de consumo masivo que dejen ese mal hábito de sobreempaquetar sus productos y revertir la demanda de más plástico”, indicó Hernández, que lidera este movimiento global tras ejercer como director de Greenpeace en el sudeste asiático entre 2014 y 2018.

El informe reseña que estas grandes corporaciones deben asumir su responsabilidad en la contaminación del entorno a varios niveles, ya que la producción de plásticos expone a sustancias nocivas a las comunidades que viven cerca de las fábricas, pero también contaminan los alimentos y productos contenidos en los envoltorios de plástico.

“La población está acumulando en sangre ftalatos y otros químicos que alteran el sistema endocrino, además de pagar con sus impuestos el elevado coste de la gestión de los desechos de plástico”, advierten desde “Break Free from Plastic”.

El 80 % de las 8.300 millones de toneladas métricas de plástico producidas desde 1950 todavía perdura en el medio ambiente, fundamentalmente en los océanos, según estudios recientes citados en el informe presentado hoy.

Desde entonces, solo el 9 % de esa cantidad de plástico ha sido reciclada adecuadamente y el 12 % incinerada.

La iniciativa “Break Free from Plastic” nació en 2016 con el propósito de abogar por un futuro libre de plásticos, ya que durante el largo proceso de su desintegración liberan gases invernadero, sobretodo metano, que contribuyen al cambio climático.

Este movimiento cuenta ya con el respaldo de unas 6.000 personas y más de 1.300 organizaciones y grupos defensores del medio ambiente como Greenpeace, GAIA o Zero Waste.

Publicado en: https://www.efe.com/efe/america/sociedad/coca-cola-pepsi-y-nestle-firmas-que-mas-contaminan-los-oceanos-con-plastico/20000013-3775205

Epifanía e insurrección (I)

Meditación ambientalista en la playa La Concha de Marianao

Marcelo “Liberato” Salinas

Para Juanma Agulles, para no perder otra vez el mar.

Amanecer en la playa La Concha, litoral del antiguo municipio Marianao, en el oeste de La Habana, es una de los momentos de epifanía con los que todavía puedo deleitarme, en los que puedo sentir el ritmo de mi minúscula existencia en su trance de precaria purificación y reinicio.

Amo el amanecer en la playa La Concha, como amanecer en un monte o en un desierto, porque me permite sentir fugazmente el devenir de la totalidad inmensa que nos circunda poderosa.

Esa playa en amanecer me incita a imaginar con honda superficialidad cómo era este mundo antes de que fuéramos la plaga devastadora en que nos hemos convertido los humanos en estos dos últimos siglos de existencia.

Allí, a ese placer de unirme con la renovación diaria del ser universal, se le suma la no menos deleitante sensación de advertir la precaria arrogancia de todas las obras humanas que han intentado delimitar, privatizar, controlar, lucrar con el acceso a esa experiencia.

Un territorio de vigorosas ruinas, desolación maciza, expuesta a los elementos –naturales y sociales–, es el otro paisaje que nos ofrece la frontera de arena de la playa.

Playa Concha Habana 1aAntiguos clubes náuticos de burgueses y candidatos a serlo, con gustos tan exquisitos como excluyentes, vegetan hoy allí al borde de la inutilidad.

Son administrados por la Empresa Provincial de Círculos Sociales Obreros, que gestiona con ingenio a prueba de resistencia las ruinas de estas instituciones burguesas de ayer para las burocracias sindicales de hoy.

En ello ha derivado más de medio siglo después la “nacionalización” (estatización) de estos establecimientos que el nuevo Estado de 1959 llevó a cabo tras el colapso del régimen de Batista.

Un tema recurrente en las rememoraciones de juventud de mi padre es su experiencia de joven de familia precarizada del Marianao de los pobres, pudiendo acceder a los flamantes espacios del círculo social obrero del Náutico, que fue adjudicado al sindicato de la Aviación Civil.

Sus taquillas de cedro, sus esplendidas llaves, sus duchas de acero impecables, sus canchas de frontenis, todas intactas.

Todo aquel mundo material se quedó indeleble en la memoria de mi padre y para él ese fue uno de los momentos más concluyentes que le permiten decir que vivió una revolución y no un simple cambio de régimen, como podemos pensar mis amigos y yo tranquilamente ahora.

(continúa…)