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La agricultura en Cuba: no empata el palo y la chambelona

Yurislenia Pardo Ortega

CAMAGÜEY.-Si no son los estragos ocasionados por el cambio climático con sus largos periodos de sequías extremas, el desfase de las estaciones del año o el paso de desbastadores huracanes; son las carencias objetivas de combustible, insumos agrícolas y maquinarias o la falta de mano de obra por la migración del campo a la ciudad, pero lo cierto es que las producciones agropecuarias en Cuba no logran ser sostenibles.

Esta realidad nos ha dejado un sistema alimentario dependiente en alto grado de las importaciones, atentando contra la necesaria soberanía alimentaria de este pueblo, el cual constantemente está acosado por las políticas del Bloqueo Económico de Estados Unidos. Urgen por tanto lograr transformaciones en el modelo de desarrollo agropecuario que se cimiente, fundamentalmente, en una producción más endógena y en el uso eficiente de los recursos locales disponibles.

La clave está en potenciar las prácticas agroecológicas, las mismas que en los difíciles años 90 nos ayudaron a sobrevivir en el periodo especial y luego dejamos a un lado del camino. Ahora, en otra coyuntura difícil de la economía, vuelve a hablarse de la tracción animal, de la utilización del control biológico, de los policultivos, los biofertilizantes y bioestimulantes.

La agroecología, como ciencia y práctica, fomenta la soberanía alimentaria sobre la base de la inclusión social, la equidad, el uso de los recursos locales y la sabiduría campesina, brinda los fundamentos científico-prácticos para el desarrollo de sistemas familiares autosustentables.

Este modelo de desarrollo agrícola ajustable a las características de las formas de propiedad y tenencia de la tierra en el país. Su esencia está en el desarrollo a pequeña escala y en la isla, aunque el 80 por ciento de la tierra es propiedad del Estado, el 70 por ciento de ella la gestiona el sector cooperativo y campesino.

En el archipiélago hay muy buenas experiencias en estas prácticas como también hay directrices que pueden favorecer la transición agroecológica a una escala mayor. Una muestra de ello es el lineamiento 187 de la política económica y social cubana. El mismo postula la necesidad de desarrollar una agricultura sostenible en armonía con el medio ambiente, que propicie el uso eficiente de los recursos fito y zoogenéticos, incluyendo las semillas, las variedades y la disciplina tecnológica.

Pero para lograr esa transformación hace falta un enfoque más integrador. Este empeño no puede quedar solo en el impulso, insuficiente e inestable aun, de la Asociación de Agricultores Pequeños con el movimiento Campesino a Campesino, o las acciones extensionistas de dichas prácticas que realizan algunos centros de la ciencia. Se necesita la aplicación eficaz de medidas como la consolidación de un mercado de insumos orgánicos y bienes de producción, donde los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos, conocidos como CREE, tengan mayor protagonismo.

Resulta imprescindible pensar cómo y desde el país se cree y desarrolle un programa nacional que fomente la agroecología como sustento del desarrollo local, donde se estimule con mejores precios los productos que sustituyen importaciones, que favorezcan circuitos cortos de comercialización y el otorgamiento de créditos blandos a las familias que opten por el desarrollo agroecológico de sus fincas, uso de tecnologías apropiadas y fuentes renovables de energía.

La  viabilidad económica, sustentabilidad ecológica, bienestar y aceptación social de la agroecología pueden ser el empuje para lograr transformaciones definitivas en el modelo de desarrollo agropecuario en Cuba, para que finalmente, por el bien de la economía nacional y el plato de cada cubano, se encuentren “el palo y la chambelona”.

Publicado en: http://www.adelante.cu/index.php/es/opinion/18247-agricultura-en-cuba-camaguey

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