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Protección animal: un grito impostergable

«La compasión por los animales está íntimamente asociada con la bondad del carácter y puede ser afirmado que el que es cruel con los animales, no puede ser un buen hombre».
Arthur Schopenhauer

Daikel Arias Labato

Amanece un vez más en la Vieja Habana y con la luz salen a recorrerlas sus habitantes, el ajetreo de los carretilleros, el pregón mañanero, los olores citadinos, los comercios que se limpian para recibir a los clientes que vistan la urbe; en sus calles se mesclan los pasos de su gente, y al mirar más abajo vemos otro mundo, uno que a veces se nos torna recurrente y cotidiano, ese que le relegamos a perros y gatos, ellos con sus miradas constantes, tal vez preguntando: ¿Por qué la calle nos acoge? ¿Que hicimos para venir a parar aquí? ¿Fue insuficiente el afecto que le dimos?

Son parte de las interrogantes que podamos encontrar al mirar a estos animales, cuya población callejera va in crescendo ante la mirada despreocupada de los humanos que convivimos junto a ellos estos espacios públicos.

Las consecuencias son disimiles, desde el aumento desproporcionado de sus poblaciones y la aparición de enfermedades que afecten a estos animales afectivos y su contagio en humanos.

¿Qué hacer desde el Derecho?

En el recién concluido proceso constituyente cubano varias fueron las voces que se alzaron a favor de la creación de una normativa que dé respuesta a los desprotegidos animales, que son víctimas del maltrato social.

En nuestro contexto geográfico existen varias naciones que disponen de Leyes de Bienestar Animal, en este caso encontramos a: Nicaragua, Argentina, Chile, México, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Uruguay, países que a lo igual que Cuba son parte de la Organización Mundial de Sanidad Animal, sin embargo en nuestro caso aun prevalece la ausencia de una ley que regule y prohíba el maltrato animal.

La autoridad actuante en Cuba en materia ambiental debe ser congruente y atinada a la hora de firmar pactos internacionales, con la consecuente y posterior implementación de las regulaciones en el marco nacional, que evoquen el espíritu de estos Tratados Internacionales, poniendo a nuestro país en ventaja con respecto a otras naciones, dando muestras de civismo y progreso social.

No es este el caso de las especies protegidas y en peligro de extinción, las que gozan de un tratamiento diferente delante de las otras especies animales que conforman el universo animal en Cuba.

Amparadas por normativas del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, el auspicio del Ministerio de la Agricultura y el seguimiento constante de la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna organismo encargado de la administración y manejo de las mismas, empresa que actúa bajo regulaciones internas y la Resolución 160 de 2011 del CITMA (Instrumento legal para la protección de las especies).

El Código Civil Cubano o Ley 59 hace una escueta mención al termino animal, en su artículo 94, en la Sección Tercera del Capítulo IV, en donde se abordan los actos ilícitos y la responsabilidad de personas naturales respectivamente. La intención del legislador es clara, se centra en el vinculo hombre-animal y el impacto de la actividad del segundo en perjuicio de los similares del primero, desaprovecha la oportunidad la legislación de reconocer derechos elementales de los animales.

En nuestro país existe una larga tradición del maltrato animal, pues se heredaron costumbres y patrones conductivos desde la época colonial, tendencia implantada por los colonizadores, que venían con sus tradicionales montas de toros y peleas de gallos, en el caso de esta última aun subsiste, y a su vez se amplía a los canes, que sirven de entretenimiento y negocio a inescrupulosos humanos que lucran de los combates terribles que sufren estos animales.

A la hora de abordar esta problemática en Cuba, muchos juristas y profesionales no vinculados a la rama del Derecho, definen como única vía de solución la implementación de un capitulo exclusivo para la materia dentro del Derecho Penal.

Esta aspiración podría ser una vía efectiva, pero entraría en conflicto con otras ramas del Derecho, que por su naturaleza inhiben el efecto del Derecho Penal, el que es utilizado como Derecho de ultima ratio; no podemos convertir al Derecho Penal en el gran saco salvador. Si nos detenemos en el Derecho Administrativo, encontraremos herramientas paliativas y coercitivas que entraran a jugar en este rol proteccionista y binestarista del Estado en cuestión, a la hora de fijar como política de Estado, la defensa y bienestar de los animales, los domésticos en este caso.

Al examinar la legislación de países de Iberoamérica, encontramos los casos de Argentina y España, entre otros, que enarbolan normativas en el ámbito administrativo para la defensa del derecho de estos animales, normativas que establecen elevadas multas y comisos de medios cuando se vulneren derechos reconocidos por ley a los animales domésticos, lo que ha insertado valores educativos y formativos en la sociedad de estos países favorables a estos animales.

El caso cubano desde la óptica administrativa, cuenta con el decreto_137, aun vigente, desnuda la política cubana hacia los animales, la cual carece de vestigios proteccionistas y de bienestar para los animales, cuando establece en su artículo primero, que todos los esfuerzos dirigidos para tratar a los animales en caso de enfermedad, están dirigidos para la protección humana; lo que no convierte el bienestar animal como el fin mismo de esta norma.

marchan-en-La-Habana-por-una-Ley-de-proteccion-animal.jpgMuchos de estos logros se deben a la aparición de organizaciones protectoras de los Derechos de Bienestar Animal, que en su conjunto operan en distintas etapas y coyunturas creando una cultura social, que impulsa al legislador a reconocer la vitalidad y trascendencia de la aprobación de una norma que tenga por objetivo la defensa y bienestar animal.

Mas allá de la inexistencia de una norma general que regule el bienestar de las especies animales en Cuba, es visible la dispersión legal que existe, un patrón generalizado en el Derecho Cubano, lo que afecta el trabajo de los entes avocados a esta actividad tan vital para el funcionamiento de una sociedad.

Ello les sitúa en un limbo legal que les impide desarrollara estrategias de mayor impacto, implementar dinámicas que inserten a las comunidades en esta labor proteccionista y darle soporte legal a la existencia de las mismas y respaldar sus movimientos.

No obstante, se sigue apostando por un cambio de parecer del Estado Cubano dirigido a esta problemática que hoy nos desmerita a los cubanos frente a otros pueblos y sociedades.

La sociedad cubana debe desmitificar muchos prejuicios y a su vez despojarse de molestos y contradictorios tramites burocráticos que entorpecen las buenas prácticas. Seguir esa ruta martiana de «Ser cultos para ser libres» es el camino a seguir.

No mas tardanza para la aprobación de esta norma tan necesaria en estos momentos que su ausencia es tan visible, no mas indolencia ante el padecer de nuestros animales.

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