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Un reto para limpiar La Habana

Isbel Díaz Torres

La Habana parece inundada de basura. No solo el pésimo estado de las calles, aceras, casas y edificios deprimen a quienes la habitan. Los microvertederos pululan como signo inequívoco de un sistema de salubridad fallido, implementado por instituciones estatales ineficaces y corruptas.

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Alamar. 2019.

He visto basureros crecer por quince días consecutivos sin que aparezca ni la sombra de un camión colector de Comunales, mientras vecinos y vecinas participan de la indolencia generalizada.

Pero más allá de estos sitios críticos, la ciudad toda, incluidas sus costas y ríos, parece decidida a recibir su 500 cumpleaños engalanada con papeles sucios, bolsas plásticas usadas, envases metálicos y de cristal, animales sacrificados, desperdigados como el mejor diseño de un terrorífico árbol de navidad.TrashChallenge-1.jpg

Guardabosques durante Primera Jornada de Higienización del Malecón Habanero. 2010

A esta Habana, ahora un poquito más conectada a Internet, llegó hace unas semanas el Trashtag Challenge (reto) de limpiar un sector contaminado, y mostrar fotos de “antes” y “después”.

Con admiración he visto en Facebook como activistas individuales, coordinadores de proyectos ambientalistas, instituciones artísticas, y otros, se han lanzado con furor a limpiar algún sector costero, o la rivera de algún.

Y en muchos casos lo han hecho no por las conocidas orientaciones que usualmente bajan desde un “arriba” oportunista y manipulador, sino por verdadera convicción ambiental, por sensibilidad, por sentido de la urgencia, o por simple decencia. Eso le otorga un valor agregado de autenticidad a estos sucesos.

Para nuestra organización Guardabosques, esa no es una actividad nueva. Hace casi 10 años que venimos haciendo ese tipo de trabajo, en silencio, con nuestros escasos recursos y sin apoyo institucional.

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Guardabosques durante la en Jornada de Higienización del Malecón Habanero. 2012

Sí, porque no es lo mismo las fotos que vemos de grupos de ambientalistas en Europa con guantes, bolsas de material reciclable, protección para las vías respiratorias, equipos de transporte de los desechos; que como sucede en Cuba, donde apenas encontrar un saco de nylon para recoger los desechos es toda una odisea.

Es más, mi primera experiencia de ser amenazado por la Seguridad del Estado fue justamente en 2010, cuando planeábamos hacer nuestra “Primera Jornada de Higienización del Malecón Habanero”. Por supuesto, desoímos la paranoia policíaca e hicimos nuestra labor “a tiempo y sonrientes”, con una escuadra de segurosos tomándonos fotos y filmándonos.

Por ahí deben tener la grabación, archivada, como prueba no sé bien de qué.

Espero que quienes en este 2019 se han animado a “limpiar por cuenta propia” esta ciudad, no hayan tenido que sufrir este mismo tipo de “represión a bajo nivel”.

Así, limpiamos el Malecón algunas veces más en los años consecutivos, pero no nos quedamos en la zona estelar de la capital. También hemos realizado labores de saneamiento en el río Quibú, el río Ariguanabo; hemos saneado espacios públicos en el Reparto Eléctrico, Alamar, San Agustín, Lawton.

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Décimo aniversario de Guardabosques, limpiando una sección del río Ariguanabo, en San Antonio de los Baños. 2017.

Siempre, al final, nos vemos ante la disyuntiva de dónde colocar los residuos, en un país que apenas recicla. Tenemos la certeza que todo lo colectado irá a parar a uno de los grandes vertederos de la ciudad, donde la situación es aún más grave a causa de su mala estructura que permite el lixiviado de metales pesados hacia el manto freático, y emite CO2 a la atmósfera tras la quema de los residuos.

Nos sentimos orgullosos de nuestra labor, pero profundamente insatisfechos, por no haber sabido siempre involucrar en mayor grado a las comunidades, indagar en profundidad las causas de la polución que limpiamos, buscar alternativas para la disposición final de los desechos, ni siempre pensar estrategias que hagan más sostenible nuestro trabajo.

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Parte de las bolsas recogidas cerca de La Quintica, Río Ariguanabo, 2017

¿O es que lxs ambientalistas estamos para limpiar lo que vierten impunemente las industrias cubanas, los policlínicos y hospitales, los negocios privados? ¿Si podemos limpiar un basurero, no podemos del mismo modo demandar a quienes contaminan?

¿Cuándo el ambientalismo en Cuba pasará de ser una actividad “inofensiva” de amantes de la naturaleza, a una verdadera ofensiva de luchadorxs por nuestro derecho a un medioambiente sano y limpio?

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Guardabosques junto a estudiantes del Instituto Superior de Arte, higienizando una sección del río Quibú. 2018.

Regresar al lugar que se limpió, tres meses después, para descubrirlo igual de sucio, es una triste experiencia que espero también vivan quienes por estos días se han lanzado a aportar sus energías. Enfrentarnos a esa triste realidad debiera llevarnos a nuevos planteos más integrales.

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Por mucho que sacamos, apenas logramos modificar le paisaje, debido al inmenso volumen de plásticos acumulados. 2018.

Por lo pronto, ya estamos pensando desde Guardabosques hacer nuestro aporte a este hermoso movimiento que, aunque llegado desde las muy poco socializadoras “redes sociales”, tiene los condimentos sabrosos de la autonomía, la coordinación horizontal, y la creatividad. No será la primera ni la última vez, por nuestra parte.

Ojalá se nos sume esta nueva oleada de ambientalistas, para juntos continuar trabajando. Quién sabe, y a lo mejor La Habana no llega a pasar la vergüenza de ser una de las ciudades más sucias del mundo, en su 500 aniversario.

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