Otro gato al cielo


Viviana Rivero Ortega

GUARDABOSQUES – La noche del 30 de abril fue diferente. La acostumbrada velada en compañía de un amigo en la puerta de mi casa tuvo como centro a un nuevo conocido: un gatico muy divertido y juguetón que vivía en un inmueble cercano se sumó a nosotros.

Con él pasamos momentos especiales. Quizas por la frustración de no poder tener felinos en casa, mi compañero y yo le dimos mucho amor, y estuvimos a su cuidado durante el tiempo que estuvimos allí.

gatos-guardabosques-1.jpgParecía medio loco o hiperactivo el minino. Se la pasaba brincando y tratando de subir al poste de la luz que había cerca. Parecía ser medio sordo y caminaba un poco extraño. Por eso mi acompanante estaba al pendiente de él, pues mi cuadra es una vía muy transitada por guaguas, carros y otros vehículos. No queríamos que pereciera a causa de un atropeyo.

Lo dejamos jugando cuando nos despedimos. Seguía aun con mucha vitalidad. Eso fue alredeor de las 11pm.

En el horario de la mañana de hoy mi madre con curiosidad me preguntó si no había escuchado el estruendo de las 2am. Resulta que un grupo de muchachos, ebrios y muy eufóricos, cuando pasaron por mi puerta hallaron al gatico. Uno de ellos lo cogió por la cola y lo hizo girar en el aire como si se tratara de un trapo o una onda.

Después de tantas vueltas, lo lanzó contra mi puerta. Alli pereció.

Una muchacha que mas tarde pasó, dice mi madre, lo recogió y puso en el quicio de la casa del frente.

Lágrimas de dolor y rabia corrieron por mi rostro. Miestras escribo continúo así.

gatos-guardabosques-2.jpgMe jode y enoja mucho que tales actos sucedan. Me pergunto hasta dónde tenemos que soportar lxs que abogamos por la preservacion de la vida animal. No hay modo de proteger a esos seres que merecen vivir tanto como las personas.

Voluntad existe en muchxs de nosotrxs, pero por desgracia no somos juristas ni pertenecemos a las instituciones oficiales que pudieran dictar leyes de protección y sancionar a lxs que atentan cada día contra la existencia de estos seres tan preciados.

Lo mas triste es que esta historia es una de las tantas que suceden casi a diario en nuestra sociedad. Y junto a ello permanece la incertidumbre de cuándo terminará.

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