Asediados en la Sierra del Infierno


Un proyecto ecológico en el Valle de Viñales se enfrenta tanto a criminales como a y policías

LA HABANA.- En ausencia del dueño de la granja, Ariel Ruiz Urquiola, los dos lugareños violentaron los límites cercados para llegar al patio de la casa, donde Omara Ruiz Urquiola y su madre fueron sorprendidas por las amenazas que vociferaban los invasores.

Hasta la intención de enseñar los genitales a las mujeres, como muestra rudeza, llegaron las ofensas de Yendry Álvarez para apoyar a su compinche Yoel Álvarez, ambos matones al servicio de Acelio Álvarez Martínez, usurpador de la finca colindante. La hostilidad de los agresores tenía un objetivo: intimidar a las mujeres para que abandonaran la Sierra del Infierno.

Esta anécdota que nos cuentan los hermanos Ariel y Omara Ruiz Urquiola tiene mucho en común con los westerns clásicos, donde el sheriff, el alcalde y bandidos se unen para expulsar del pueblo a los granjeros y apoderarse de sus propiedades.

La historia de intimidaciones, destrucción de la propiedad y consentimiento de las autoridades se repite en diversas variantes dentro de la finca donde se encuentra la casa del doctor en Ciencias Biológicas Ariel Ruiz Urquiola, ubicada en la Sierra del Infierno, perteneciente al Parque Nacional Viñales, Pinar del Río.

El peligro de preservar el ecosistema

El científico llegó a Viñales con un proyecto representativo de las universidades de La Habana y Humboldt de Berlín, que involucra a varios investigadores cubanos. La ruptura de las instituciones oficiales con el trabajo de Ariel Ruiz cambió de cierta forma el rumbo de la exploración dirigida a estudiar el origen y evolución de la vida en la zona más antigua de Cuba.

El biólogo se convirtió en campesino usufructuario de la tierra para fortalecer su intención de desarrollar una granja agroecológica, en apoyo a la conservación y diversificación del Parque Nacional. Pero la casa adquirida en propiedad para su estancia en el Consejo Popular Cuajaní, Viñales, y el derecho en usufructo adquirido sobre la tierra, pusieron en peligro su vida, la de su familia y los participantes del proyecto.

La utilización de las tierras del Parque Nacional Viñales para la crianza de cerdos silvestres ha dañado por años los suelos y cultivos, contaminando los reservorios de agua dulce. Al respecto, Ariel Ruiz dijo a CubaNet: “Desde hace cuatro años hemos enviado cartas advirtiendo del desastre a la administración del Parque Nacional Viñales y otras instituciones de Gobierno (…) La doctora en Ciencias Sociales Graciela González Olmedo también se unió nuestro reclamo. Sin embargo, parece que existe complicidad de las autoridades porque los infractores actúan con impunidad”.

Señales del futuro turístico en los mogotes

Los valores patrimoniales del Parque están reconocidos dentro de los planes de la Áreas Protegidas de Cuba desde 1998 y como Paisaje Cultural de la Humanidad desde 1999. Estos planes incluyen la promoción de proyectos de investigación como los de Ariel Ruiz, destinados al desarrollo de la geodiversidad local.

Conocido como “el jardín de Cuba”, en los últimos años el Valle de Viñales adquirió un valor turístico que cambió de forma definitiva la localidad de Vueltabajo. En el 2017 unos 600 000 turistas visitaron la zona que hizo florecer, en unos tres años, más de mil casas de renta y unos 130 paladares. El Gobierno no se quedó atrás y comenzó a remodelar los hoteles existentes, y hasta una vieja escuela en el campo enclavada en el Valle aportará unas 200 habitaciones al futuro turístico de la localidad.

En el último año, el crecimiento del sector privado en el interior del poblado comenzó a extenderse hacia los valles y las laderas de las serranías, donde comenzó a elevarse la demanda de turismo ecológico que visita la zona.

Omara Ruiz Urquiola, quien representa legalmente el proyecto de biogranja en ausencia de su hermano, culpa los intereses lucrativos de los males que suceden en la Sierra del Infierno.

“Están actuando como rancheadores con licencia de las autoridades para expulsarnos de la Sierra (…) Hay demasiada permisibilidad con las ilegalidades como para pensar que no existe complicidad entre infractores y el Gobierno local. No puede ser que haya tenido que escribir al ministro del Interior para que la policía de Viñales aceptara la denuncia contra los matones que invadieron nuestra finca”.

Aunque el diablo mande en el infierno

Después de varios intentos de denuncias sobre las afectaciones de los suelos y la destrucción de plantaciones, el biólogo Ariel Ruiz logró que el Ministerio de Agricultura expropiara la tierra al campesino Antonio Rodríguez Rodríguez. La parcela fue comprada como propiedad de forma ilegal: teniendo en cuenta que en Cuba las tierras son propiedad del Gobierno, solo se entregan en usufructo, sin derecho de venta entre particulares.

La hacienda pasó a manos de la Empresa Forestal La Palma. La expropiación sin penalidad sobre el mal uso de los suelos, dedicándola a la cría de cerdos, alimentó la ilegalidad en la zona. Antonio Rodríguez, junto a Acelio Álvarez Martínez, incrementaron la crianza de puercos, destruyendo en los primeros días de marzo el 50 % de las plantaciones de plátano y el 25 % de la de ñame, en la finca del investigador.

El doctor en Ciencias Biológicas asegura que no concederá espacio al cansancio hasta que las instituciones no pongan freno al aumento de la destrucción del ecosistema y la propiedad ajena, en una localidad agasajada como Monumento Nacional desde 1978 por sus valores geológicos y la presencia de más de 150 espacies endémicas.

“Por lo menos, en cumplimiento de la Ley, a nosotros no van a lograr sacarnos (…) Hay otras dos familias que han salido de la Sierra del Infierno porque según el presidente de Gobierno, José Antonio Valle Crespo, nosotros no estamos en el plan de electrificación del Valle, sin embargo, el Gobierno provincial y la Unión Eléctrica aseguran que toda la sierra está electrificada (…) Estamos luchando contra la impunidad de los criadores de puercos y la intención de sacarnos de aquí”.

Abandonar la tierra no está en los planes de Ariel, Omara y los investigadores que los acompañan en su empeño. Para ellos la conservación en la Sierra del Infierno es un reto, aun cuando la batalla sea contra el diablo.

Publicado en CubaNet

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