El mundo atascado en porquería


Pedro Manuel González Reinoso

GUARDABOSQUES – La exsocialista República Popular de China –a quien dedica Cuba su próxima Feria del Libro–, declinó importar basura reciclable del resto del mundo, la que constituía fuente “inagotable” de materias primas. Y lo ha hecho desde enero del corriente alegando la contaminación creciente en su propio patio.

Los plásticos y desechables varios se acumulan estrepitosamente y sin salida en todo el mundo tras la decisión asiática.

Al menos un depósito descomunal de basura en Londres ya está sufriendo la ascensión de la mierda y han tenido que desembolsar enormidades del erario para deshacerse de una parte.

Se han reportado casos similares en Canadá, Irlanda, Alemania y varios países europeos, mientras miles de hediondas monumentalidades se acumulan en ciudades portuarias como Hong Kong.

La prohibición ha provocado un gran desbarajuste en el flujo marítimo y portuario del sistema capitalista al que China tributa conductos albañales, como a sí misma. Aunque se espera poder exportar basura a países alternativos como Indonesia, India, Vietnam o Malasia, estos lugares no pueden compensar la diferencia estructural.

Ella, que recibía encantada por el billete que daba millones de toneladas de megatrashes trasnacionales, se niega a recibir ni un pomo ni un jabuco más (si con tierra dentro, menos) y ha ocasionado caos con la trabazón.

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Pero las pataletas no se han hecho esperar en el primerísimo mundillo mund-anal. Todos censuran que el gigante haya cerrado su fosa y no les limpie más el culo.

Por ejemplo, la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, se comprometió a eliminar los residuales humanos en un periodo de veinticinco años. En un discurso pre-parado, instó a los supermercados a introducir pasillos libres de plásticos donde toda la comida se venda sin empaque y a granel.

La Unión Europea, por su parte, planea proponer un impuesto sobre las bolsas y jabas y ha citado la salud de los océanos entre otros motivos.

Esas medidas podrían ayudar a calmar la situación algún día, pero por ahora Inglaterra enfrenta pilas crecientes de material reciclable sin tener dónde ponerlas. Los expertos dicen que la respuesta inmediata a la crisis bien podría ser recurrir a la incineración o los rellenos sanitarios, ambos nocivos para el medio-ambiente.

La prohibición cubre las importaciones de veinticuatro tipos de desperdicios sólidos, incluyendo residuos no clasificados de papel y el tereftalato de polietileno (PET) de baja calidad que se utiliza en fabricar botellas y cartuchos como parte de un amplio esfuerzo de limpieza y una campaña en contra de la llamada –yang laji o– “basura extranjera”. Como si fuese enemiga nueva. También establece nuevos límites en los niveles de impurezas para otros reciclables.

China había estado procesando por lo menos la mitad de las exportaciones mundiales de desperdicios de papel, metales y plástico usado: 7,3 millones de toneladas en 2016, de acuerdo con datos de la industria.

En julio, China notificó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que pretendía prohibir algunas importaciones del detritus, y dijo que la medida era necesaria para proteger el entorno y mejorar a la salud pública. Nadie en ese lugar le creyó.

“Grandes cantidades de desperdicios contaminados o incluso tóxicos se mezclan con sólidos que podrían utilizarse como materia prima”, le escribió Pekín a la OMC. “Esto agrava el panorama interno/nacional”.

Los funcionarios chinos también se quejaron de que gran parte del material reciclable que recibió el país no se había limpiado adecuadamente o estaba intencionalmente mezclado con materiales execrables.

China ostenta uno de los índices de contaminación interna más altos del planeta por su imparable emisión de gases provenientes de la industria minera, especialmente la hulla/ carbón y la metalurgia.

El cambio repentino ha hecho que los occidentales tengan problemas para lidiar con una acumulación inusual de desperdicios, mientras se buscan otros mercados adonde llevar la mugre.

En el Reino Unido, incluso, la clase política pareció haber sido tomada por sorpresa. Cuando le preguntaron enfrente de los legisladores acerca de la prohibición inminente el mes pasado, el secretario para el Medioambiente, Michael Gove, titubeó: “No sé qué impacto tendrá. Es algo que —para ser totalmente honesto— no he considerado aún en detalle”.

La contaminación de plásticos ha capturado la atención mundial los últimos años. Una nueva serie de David Attenborough en la BBC, “Planeta azul II”, ha mostrado las bolsas y botellas que obstruyen el océano y matan a peces, tortugas y otras criaturas marinas, lo cual ha hecho que los gobiernos establezcan reglas más estrictas. (Aunque se apresuren a incumplirlas)

Cada año, el Reino Unido enviaba a China suficiente material recuperable para llenar 10.000 piscinas olímpicas, de acuerdo con Greenpeace Reino Unido. Estados Unidos le mandaba más de 13,2 millones de toneladas de papel de desecho y 1,42 millones de toneladas de plásticos, según informó el Instituto de Industrias del Reciclaje de Desechos. Se trataba de la sexta exportación más grande después de aquella.

“Puede haber mercados alternativos, pero aún no están listos”, dijo Emmanuel Katrakis, el secretario general de la Confederación de Industrias Europeas del Reciclaje en Bruselas.

Parece que en lo adelante, los grandes depredadores mundiales del ecosistema, se habrán de comer su propia porquería, y lo harán sin protestar.

Con información de NYTimes

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