Tirar la higiene por la basura


Yinet Jiménez Hernández

Montañas de basura y vectores regodeando el fétido entorno, fueron descritos por un señor que no temió «salir en el periódico». Fruñendo el ceño, y como quien no quiere mirar ni oler lo que resulta cotidiano, explica que no logra percibir la velocidad con que la gente deposita sus residuos en un «basurero» improvisado, justo a pocos metros del Hospital Viejo.

«Ellos, los de la basura, llegaron bajo la lluvia. Se mojaron completicos. Es la segunda vez que pasan y recogen. Y mire, ¡mire como está ya esa esquina!», señala alarmado. Entonces, mi teoría queda demostrada: la higiene comunal de nuestra ciudad, Santa Clara, se mantiene óptima por milésimas de segundos, imperceptibles por el ojo humano.

Otro lector habitual de Vanguardia explicó la necesidad de los contenedores. «Pago a quien encuentren uno en la Carretera Central o en la Carretera a Camajuaní. Un día… ¡Pum! Volaron como Matías Pérez. Ahora tengo que caminar como seis cuadras para botar la jaba; porque si la pongo en la puerta de la casa, los perros, o los buzos, la ripean y ya usted sabe lo que viene detrás», comenta insultado.

Ilustración de Martirena sobre la basura

(Ilustración: Martirena)

Siendo así este asunto, las culpas de la «abominable» basura citadina pican, rebotan, queman como papa caliente. En los últimos años, el tema es Pi constante en las asambleas de rendición de cuentas, causa de Alta tensión en la sangre de Abel Falcón y se repite como tópico en los comentarios de Vanguardia. ¿Hasta cuándo continuarán las infecciones ambulantes pululando en nuestras calles?

 

Démosle, una vez más, vuelta al asunto.

Diariamente, los santaclareños desechamos alrededor de 280 toneladas de basura, que han de ser recogidas por los trabajadores de Comunales. Mas, seguirle la pista a cada papel, lata de refresco, pedazo de pizza, bolsa de nailon que los ciudadanos dejan caer en cualquier lado, ¡imposible!

«La avenida más indisciplinada es el Paseo de la Paz. Todo lo que se haga en esa zona resulta poco», comentan Irán Gatorno Fraga y Felipe Palacios Hernández, de la Dirección Municipal de Comunales, quienes aseguran realizar 51 viajes promedio —de lunes a domingo—. Aun así, la ciudad no le hace fe a la higiene.

Por un lado, ambos funcionarios explicaron que la población no logra asimilar los tanques. (He ahí el quid de la «desaparición» de los reclamados contenedores). «A raíz de una medida del gobierno, se retiraron —los tanques de las avenidas donde la recogida era diaria— por la indisciplina social: los ciudadanos botan basura fuera de ellos, les roban las ruedas, los rompen, los mueven de lugar a conveniencia», explican.

Sin embargo, peor el remedio que la enfermedad, comienzan a instaurarse basureros a elección individual que, poco a poco, se «oficializan» por unanimidad popular. Entonces, lo más y lo menos, lo reciclable y no reciclable, lo tóxico y no tóxico, lo orgánico y lo inorgánico junto con lo sanitario conforman fétidas montañas de desechos. Ahora me pregunto, ¿dónde están los inspectores?

«Por ejemplo, en el reparto José Martí continúan echando la basura fuera de los tanques», insiste Felipe Palacios Hernández, quien tilda la indisciplina como primera responsable.

Por otro lado, aunque es loable el trabajo del equipo de la Dirección Municipal de Comunales, aún quedan cabos sueltos que resolver por parte de dicha institución. Algunos de sus trabajadores se niegan a trasladar troncos y ramas de árboles, e incluso, animales muertos, que culminan su proceso de descomposición en las calles. Otra de las quejas más recurrentes son las aisladas jornadas del «plan tareco», priorizadas únicamente para zonas con altos índices de infestación del mosquito.

Además, en una de las ciudades con mayor cantidad de licencias constructivas en el país es vital un mecanismo que se encargue de los escombros. La población de la capital provincial, debido al incremento de los negocios particulares, demanda nuevas estrategias para el control de sus desechos.

Otros de los vertederos «naturales» de esta ciudad han sido, históricamente, los ríos Bélico y Cubanicay. Año tras año, sus cauces piden a gritos el saneamiento. Año tras año, el gobierno local invierte un gran presupuesto para resarcir los daños que la población ha causado a ese ecosistema. Ahora otra pregunta: ¿Por qué no se aplican leyes estipuladas para esos casos?

Si de situaciones extremas hablamos, no puede dejar de mencionarse la actitud de muchos cocheros que, apurados por el «ritmo» de su trabajo, vierten el saco de materia fecal de sus caballos en cualquier calle o carretera. Las heces, mezcladas con el polvo citadino, se esparcen como paja «inocente». Desde que tengo uso de razón la situación se dilata y se dilata.

Y mientras es cuestionado lo conocido, pero no resuelto, el peligro de tirar la higiene a la basura nos grita una alerta. Vuelto a poner el ojo sobre el tema, esperemos un cambio por parte de todos los que caminamos el suelo de esta ciudad, Santa Clara. Pujemos el cambio.

Publicado en: http://www.vanguardia.cu/opinion-de-periodistas/10694-tirar-la-higiene-por-la-basura

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