Honra de vivir Mutilados

Por Pedro Manuel González Reinoso

Lo que ven en estas fotos no es casual sino causal. Típico del desastre humano, originado por quien(es), como el Rey Midas pero al revés, lo que toca(n) convierte(n) en el acto en porquería. Y lo que no toca(n) a esas huestes, fenece por descuido, dejadez o abulia. Como por arte de birlibirloque.

Tal cual se ve en derredor, sucedió por no podar lo que pudo evitarse que cayera. O aplastara a otros y a otras.

Entre horrorosos kioscos de hojalata marchita y rodeado de latas usadas, orines, mugre y apenas sin sol (y aún así sirviendo de posadero, asiento y refugio de borrachos, hambrientos y comedores de minutas), el tan conocido como “Árbol del Espanto” en el Reparo Vantroi en Caibarién –que ganó el calificativo por los precios del comercio que le suelen circundar–, sobrevive a otros que doña IRMA liquidó y gloriosamente se aferra al suelo.

Con lo que le queda.

Mártir injuriado que no guarda rencor, perdona a sus vedugos y les anuncia un espacio inmerecido en su verde umbra futura.

Vuelve a inspirarse, altivo, y va, sin que lo lleguen a saber a ciencia cierta los animales, criando hojitas.

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