Lo que el viento nos dejó


Por Isis Cuba

En un debate entre gente de barrio se escuchaba que si peor fue Ike o Sandy, que la diferencia entre Irma y Gustav. Nada, que cuando de tormentas, ciclones y huracanes se trate, ya las provincias de Guantánamo, Santiago y Holguín, no son nada novicias.

El debate se tornaba interesante y por momentos acalorado. Me llamaron sobre todo la atención las estadísticas que manejaban los improvisados ponentes de barrio sobre los daños materiales y recientemente lo nunca visto, pérdidas de vidas humanas.

Pasivamente estuve por largo rato como receptora de informaciones que suscribía, compartía y entendía como válidas, hasta que Pedro preguntó mi criterio al respecto y planteé: “lo interesante sería saber cuáles son las perspectivas a mediano plazo de cómo se repondrán todas las zonas boscosas afectadas, tras conocer de manos de fuentes oficiales las estadísticas y estrategias trazadas”.

Mutis total. Al parecer nadie había enfocado la fuente de análisis a tales asuntos. Todo se centra en los procesos de recuperación de viviendas, entidades estatales, procesos y polos productivos, pero de la afectación que con cada meteoro sufre la madre natura, nadie se preocupa. El hacer acciones de reforestación y devolver algo de lo que a diario le quitamos descaradamente al medio ambiente no es objeto de síntesis de los pensamientos del cubano de a pie.

Pero no podemos estar tan perdidos, me dije y en días subsiguientes me dirigí a la Dirección de Ciencia y Técnica del municipio de Baracoa en la Provincia de Guantánamo. Ahí abordé a uno de los funcionarios y este me atendió con gesto interrogativo. Mi cuestionamiento fue sencillo entre comillas, pero le cayó como tonelada de hielo al compañero.

La respuesta atravesó el prisma de la duda y el filtro de la inseguridad, pues a mi pregunta de qué estrategia de reforestación seguía la Dirección de Ciencia y Técnica tras el impacto de los recientes Huracanes, devino en resumen una justificación sustentada en que si tiene que ver con los planes de la Empresa Forestal, que si esta es una tarea a la que están vinculadas la ACTAF y otras organizaciones de masas como los CDR; pero concreto, lo que se dice concreto, no obtuve nada.

Ahora sí es de preocuparse, pues con cada acción invasiva de los fenómenos atmosféricos la afectación a la zona boscosa en el macizo Sagua-Moa-Baracoa es notable, por la acción de los vientos y por la indiscriminada acción humana permisible tras desastres naturales de tanta envergadura.

Peor fue mi desconcierto al comprobar con colegas ambientalistas del centro del país que la construcción de casas en zonas rurales del Escambray espirituano y villaclareño, pasa por una tipología tradicionalista y campestre que aprovecha los residuos de palmas reales, pero en las que se han detectado también talas no autorizadas.

De estas permisibilidades es que hablo y denuncio, y de falta de alternativas para la recuperación de las zonas boscosas advierto. Este es un asunto de vital importancia, pues la atmósfera se calienta cada día más y la sucesión de ciclones será más frecuente. Si lo que enfría naturalmente más que dejar de emitir gases contaminantes, son los pulmones verdes del planeta, convirtamos este reclamo en una alternativa en comunicación y acción ambiental.

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