¿Qué es Moa? Mirémosla ambientalmente


Por Isis Cuba

Ciertamente esta es una tierra de prosperidad económica. La vida promedio o del ser social promedio es buena, en comparación con otros municipios de Holguín, y ello se debe a la fundamental actividad económica y fuente de empleo: la minería. Una minería que se desarrolla estructuralmente en dos grandes fábricas: Pedro Soto Alba y Che Guevara.

El sustento financiero de esta actividad, que aporta un rubro exportable a la economía nacional, proviene de la inversión extranjera, fundamentalmente de la empresa Moa Nickel S.A., lo cual es loable para que la población en general se beneficie de todo lo que aporta en lo socioeconómico. Pero… ¿cuál es el precio a pagar?

1) Paisaje lunar.

Esta inversión y modo de vida trae aparejado un precio muy alto. El paisaje que se muestra es algo común, no solo cerca de las áreas de explotación minera; sino en lugares de prueba dentro de comunidades normales.

Por ejemplo: la comunidad conocida como el “200”, lejos de las áreas de extracción y procesamiento de Níquel, tiene una represa seca, donde se han realizado pruebas mineras. Se ha convertido en una laguna seca, pestilente, de un área promedio de 1,5Km2. Resulta deprimente tener que apreciar estas vistas, sobre todo por cómo influye anímicamente en la psiquis, el característico rojizo suelo moense.

2) Contaminación de reservas de agua.

Las reservas de agua en Moa están bien controladas, sobre todo porque contienen altos índices de sustancias químicas (propias del manto freático y composición del suelo, otras aportadas por las empresas extranjeras con anuencia del gobierno) y por ello los visitantes perciben (lo que es normal para nosotros) el alto contenido de cloro.

Existe un mito en Moa respecto a su agua: se dice que es la única capaz de quitar las manchas producidas por la tierra roja de este municipio. Se ha comprobado que el agua es muy blanda, carente de sales, con mayor capacidad de disolver minerales, a diferencia de las aguas, más duras, de otros territorios.

Pero ¿son estas características del líquido vital positivas a largo plazo para la salud de la población? Esta es una pregunta que pulula en el imaginario popular, a contrapelo de lo que las instancias municipales y provincial del Ministerio de Salud Pública promulgan sobre el particular. A mí, que soy de las “moenses ausentes”, me toca decir: “nuestra agua es amarga, pero es nuestra agua”.

3) Emisión de gases contaminantes.

La emisión de los gases como el amoníaco, son realidad común, a una escala elevada. Las nubes de smog bajan sobre la ciudad, y el olor fortísimo afecta el sistema respiratorio de las personas, sobre todo de sectores poblacionales vulnerables como los infantes y los ancianos.

Resulta preocupante comprobar cuán escasos  y no públicos son los estudios locales relacionados con esta situación, y las principales patologías respiratorias en la cabecera municipal. Es como si de manera natural los moenses presentaran una piel amarillenta, dientes bastante afectados por la caries, delgadez, y vejez prematura.

No cuento con argumentos ni herramientas suficientes para enjuiciar a los responsables de esta contaminación y por tanto generadores de estas características provocadas en la población. Lo que sí sé es que dicen mis abuelos que no siempre fue así.

El deber de todos es exigir un ambiente más sano. De ahí, el imperante de exponer una problemática que nos atañe a todos por igual.

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